- Las Manos Pintadas de Asososca indican la influencia maya-tolteca sobre nuestras culturas prehispánicas (900 a 1200 d. C.), lo que debe obligarnos a replantear la importancia cultural de los chorotegas
Cuando se habla de la Laguna de Asososca y del arte rupestre en sus paredones volcánicos, inmediatamente se piensa en la Serpiente Emplumada. Recuerdo que siendo niño, mis padres nos llevaban a pasear al Parque Las Piedrecitas; uno de los atractivos era intentar ver a la distancia, el rojo vivo de la Serpiente en los paredones del noroeste de la laguna. Yo nunca pude verla pero mi padre aseguraba que si nos fijábamos bien, la veríamos.
Al final de cuentas pude verla…y quedé impresionado de su belleza estilística y su rojo vivo, que por más de un mil años ha perdurado en un alto paredón de las laderas del cráter Asososca. Solamente debo aclarar que el hecho sucedió a mis 44 años de edad, el miércoles 7 de junio del año en curso, cuando visité dicho sitio por primera vez por invitación de la colega periodista Arlen Huete, del Canal 11 de televisión y con excelente guía del trabajador de Enacal, el señor Adán Castro Vallejos.
Mayor fue mi impresión cuando pude percatarme de que la Serpiente Emplumada no está sola sino que le acompañan en el mismo paredón, aunque unos veinte metros más abajo, otras pinturas representativas de dos manos (una de 20 centímetros y otra de 18 centímetros) y de un lagarto estilizado, caracterizado por sus tres crestas en forma cónica y un ojo rojo al centro de su diseño, que podría significar también una modificación de la misma Serpiente de Plumas Preciosas.
Sin embargo, en este artículo voy a enfatizar en el paredón que está ubicado a unos cien metros o más de distancia (hacia el noreste) del paredón donde destaca la Serpiente Emplumada. En este segundo paredón hay un conjunto de representaciones de los siguientes elementos:
Figura antropomorfa con máscara, de frente al espectador, extremidades superiores extendidas hacia arriba, sosteniendo en su mano derecha un objeto muy similar a un pedernal de sacrificios exótico… Esta figura tiene sobre su máscara tres triángulos relacionados con el icono de crestas del lagarto y, sobre estos triángulos, dos manos abiertas (derecha e izquierda), que miden 17.5 centímetros de largo. Todo el conjunto es de color rojo.
Sin embargo, además de las dos manos ya señaladas, hay otras cinco manos en este mismo paredón, sumando un total de siete manos, seis de las cuales miden 17.5 centímetros y una mide 18 centímetros de largo ubicadas alrededor de la figura antropomorfa.
En este mismo paredón, pero en una sección ubicada más hacia el sur, se observan tres pinturas representativas de una figura que oscila entre lo antropomorfo y lo zoomorfo, pues se observa de pie, pero aparente una cola larga erecta paralela a su espalda. Su cabeza más bien parece zoomorfa, podría tratarse de una máscara. Sus extremidades superiores están extendidas hacia delante (este).
En la misma zona se observa otra figura bastante deteriorada, de difícil comprensión, pero que fue dibujada por el hermano Hildeberto María en 1965. Y que en su dibujo da la apariencia de una figura antropomorfa con muchos atuendos.
Y, por último, una tercera pintura cubierta por una mancha blanca (erosiva) en el cincuenta por ciento de su cuerpo, pero la parte que queda al descubierto (roja), nos muestra una forma zoomorfa (¿felino?) en posición de cuclillas.
A escasos 50 metros de este segundo paredón, ubicamos otro paredón de menor tamaño, con cinco manos abiertas, rojas, todas miden 17 centímetros de largo. Con lo cual sumamos un total de 14 manos abiertas, rojas, en el conjunto pictográfico de Asososca. Dos en el paredón de la Serpiente Emplumada, siete en el paredón dos, y cinco en paredón tres.
La mano abierta o cerrada es un símbolo reconocido en la cultura Maya-Tolteca, según tres autores. José Díaz Bolio, antropólogo Mexicano de los años 50, le denominó Mano Obradora, y de este icono dice lo siguiente:
Este elemento que es conocido en Yucatán en relación con Zammá (Templo de Kabul, de Izamal, y Estela de Uxmal, reproducida en el Tomo XI, página 114 de la Enciclopedia Yucatanense, lo encontramos en la Estela 14 de Piedras Negras, Guatemala (Antiguo Yucatán). La Estela 14 es una de las obras maestras que se refieren a Gucumatz-Cuculcán-Quetzalcóatl, abundando en ella los elementos del culto descritos en este capítulo. La Mano Obradora ocupa un lugar principal en el tocado del personaje sedente, imagen de Gucumátz-Cuculcán o de algún sacerdote suyo (V. Zammá, Kinich-Kakmoo-Cuculcán). Es la dinámica solar. (Díaz Bolio 1965: 182. La Serpiente Emplumada, eje de culturas).
Por su parte, Michael D. Coe, en su obra titulada Los mayas, incógnitas y realidades, página 211. 2da. edición, octubre de 1997, muestra una fotografía de un jarrón de la cultura tolteca descubierto en la costa de Campeche, con dos manos impresas en color negro.
Y Pierre Ivanoff sostiene que: En los sucesos mágicos que se narran en la leyenda de la migración de Quetzalcóatl, se hace referencia a la aparición espontánea de huellas de manos en los lugares por donde pasaba. Las manos en las paredes del templo de Tulúm, ¿no serán sencillamente el símbolo del paso de Quetzalcóatl, es decir, la señal del imperio de los Toltecas en esta ciudad? Tenemos la confirmación de la historia y las pruebas del arte claramente tolteca en Tulúm. Civilización Maya y Azteca, 1972, página 170.
Estas referencias, si bien son algo extemporáneas, no por eso dejan de ser válidas para nuestro estudio de las Manos Pintadas de la Laguna de Asososca, sobre todo si relacionamos estas manos con los demás iconos de los paredones en estudio.
En definitiva, las manos representan como sostiene Díaz Bolio la dinámica solar y el culto religioso a Quetzalcóatl ejercido por uno de sus sacerdotes. Los paredones en estudio hacen un juego completo con el movimiento del sol naciente (este) sobre las pinturas rupestres ubicadas en los paredones del noroeste de la laguna. El color rojo usado en todas estas pinturas, también denota su relación con el este (pues en la cultura maya el rojo era representativo del este).
Y siguiendo la ruta trazada por Coe e Ivanoff, podríamos plantear la hipótesis de que Las Manos Pintadas de Asososca también indican una influencia cultural Maya-Tolteca sobre nuestras culturas prehispánicas (900 a 1200 d. C.), lo que debe obligarnos a replantear la calidad e importancia cultural de los chorotegas en Nicaragua, a quienes se les podría atribuir la autoría de estas pinturas y de este culto religioso a Quetzalcóatl (la Serpiente de Plumas Preciosas) y al Monstruo de la Tierra (El Lagarto).
Por de pronto, que Enacal siga cuidando tan bien como lo han hecho hasta hoy estas valiosas evidencias de nuestro pasado indígena y que algún mecenas nos tienda la mano para completar los estudios aquí esbozados.
Miembro Honorario Academia de Geografía e Historia de Nicaragua