BERLIN/AFP
El castellano es el idioma común de seis países participantes en el Mundial-2006, pero cuando Lionel Messi se enfunda la “casaca” y se calza sus “botines”, Rafa Márquez se pone la “playera” y los “tachos” y Roque Santa Cruz la “camiseta”.
Cuando se enfrenten en este Mundial, si lo hacen, los jugadores españoles, argentinos, paraguayos, ecuatorianos, costarricenses y mexicanos, habrá momentos en que no podrán entenderse, debido a una terminología futbolística diferente.
Ronaldinho es un maestro “driblando” y “regateando” cuando sale al “campo” del Barça pero contra Argentina “gambetearía” a los defensas albicelestes hasta engañar al hombre de los mil nombres, según el país (arquero, portero, golero, guardameta, guardavalla, cuidavalla).
Si “le pone tiza”, como habrían querido hacer Paulo Wanchope y los suyos en este Mundial, afinando la puntería como en una partida de billar, el astro brasileño rematará a puerta para meter un gol, un “omoingué” guaraní, o estaría “mojando”, según una expresión argentina.
Poniéndole un poco de su magia, podría hacerle un globo, un “sombrero” paraguayo o un “baño” costarricense o mejor aún, si quiere que el portero no le haga una “parada”, una “salvada” o una “atajada”, primero tendrá que engañar a la defensa con un “túnel” o un “caño” argentino.
Si lo consigue, a su rival los ticos le dirán “¡póngase sotana!” (cuando a un jugador le hacen un túnel) porque le hicieron una buena “orqueta” o “la perrita”, mientras en Ecuador, en esa misma jugada, no tendrán duda de que fue una memorable “galleta”.
Luego podrá “hacerle un baño” (globo) tico al portero, que verá cómo se le cuela por arriba un “gol de emboquillada” porteño o un “sombrero” guaraní.
Pero si pierde el balón y chuta con poca fortuna, se habrá convertido en un verdadero “tronco”, todo un “manta”, y si de la rabia se pone brusco, en Costa Rica dirán que no es más que un “limero” (juega fuerte) y en Argentina le tratarán de “leñador”.
Si sigue con esa actitud poco deportiva, al final no se librará de que le piten una falta, una “fau” guaraní, y sus contrarios se cobrarán un tiro libre. No lo tendrá fácil el árbitro, más formalmente conocido como “colegiado” en España y con las adaptaciones del inglés “réfere” en Paraguay y “referí” en Argentina.
Si el jugador en cuestión fuera Hernán Crespo o Javier Saviola los “barras bravas” no tendrían piedad del hombre de negro y lo abuchearían al grito de “¡referí, referí, de la cancha no salís!”.
Pero si fueran Omar Bravo o Kikín Fonseca, seguro que la “porra” azteca protestaría el penal, el “penalti” que diría la “hinchada” de la Furia del otro lado del charco. Si el infractor viera la tarjeta roja, hasta los paraguayos estarían de acuerdo en que no se merecía ser “oñemosé” (expulsado) por tan poco…
Y si el tiempo reglamentario toca a su fin sin que a ninguno de los dos equipos le hayan “llenado el saco” con una goleada, habrá que llegar al “alargue”.
La mayor diferencia existe en la palabra encajar un gol, que en España es recibir un tanto, mientras que en casi toda Latinoamérica es marcarlo.
Bajo las órdenes del “míster” (como llaman los jugadores al entrenador en España), los futbolistas habrán jugado un partidillo en España o una “cascadita” en México.
También podrán hacer un rondo en España, cuando los jugadores muevan el balón en círculo para que otro en el medio no lo toque, los argentinos “al loco”.