- Ronaldo con sus primeros dos goles de la Copa
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LA MAGIA ESTÁ DE REGRESO AL MUNDIAL
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Ver Infografia > Lo que estábamos esperando. Carlos Alberto Parreira frotó la lámpara mágica y aparecieron los genios.
Mostrando la brillantez de sus estrellas, Brasil derrotó a Japón 4-1, en lo que ha sido su primera exhibición de juego bonito fabricando múltiples posibilidades de gol.
Un Brasil con Robinho en reemplazo de Adriano, más Juninho, Cicinho y Gilberto, fortaleciendo el medio juego y la defensa, lució inmenso con Ronaldinho como enlace, Kaká con esa vitalidad exuberante y permanente presencia, y Ronaldo, sin llegar al nivel de 1998 y el 2002, pero superior en movimiento, integración y definición, al estático e ineficaz, que vimos en los dos primeros juegos.
Dos goles de Ronaldo culminando precisas combinaciones a los 46 y 81 minutos, el cañonazo de Juninho a los 53, y el balazo rasante cruzado de Gilberto cuando el partido atravesaba el minuto 57, liquidaron a Japón, que ofreció un impresionante despliegue físico, provocó un susto mayúsculo tomando ventaja a los 20 minutos con gol de Keiji Tamada, y contó con un arquero de ribetes espectaculares como Yoshikatsu Kawaguchi.
No fue propiamente la resurrección de Ronaldo, pero supo concretar dos de tantas oportunidades, para empatar con el alemán Gerd Muller, en el liderato de todos los tiempos en goles anotados con 14.
Aunque Brasil se estableció rápido como dominador del terreno y de la pelota, manejando triangulaciones y llevando constantemente peligro frente a Kawaguchi, fue Japón quien asestó la primera estocada enmudeciendo al planeta.
Realizando una maniobra ágil por el centro que tomó desequilibrada a la defensa brasileña, Keiji Tamada, desmarcándose con facilidad, recibió una pelota por la izquierda y resolvió con prontitud y potencia hacia la escuadra superior derecha de Dida.
Por vez primera en la Copa, Brasil estaba atrás. En ese momento, el mundo del futbol dejó de girar, hasta que en el minuto 46, de compensación, Ronaldinho cruzó una pelota para Juninho por la derecha, y el pase largo de éste al centro, fue cabeceado por Ronaldo, de oportuna presencia y precisa definición para empatar el juego 1-1.
Brasil regresó de los vestidores, estimulado, lo suficientemente afilado y con sus baterías recargadas. A los cinco minutos de ese segundo tiempo, Brasil casi consigue otro gol consecuencia de una maniobra mágica, tejida por Ronaldinho y Ronaldo, finalmente no concretada, pero dejando constancia de la recuperación de la habilidad “confiscada” en los juegos anteriores.
A los 8 minutos, el cañonazo rompe-redes de Juninho Pernambucano, desde afuera del área, colocó a Brasil en ventaja 2-1. Las riendas del partido tenían dueño, pero Brasil se movió con calma, sin perder velocidad, y sostuvo una intensa presión a base de flexibilidad, creatividad y lujo.
El tercer gol de trazado resplandeciente, con un pase largo de Ronaldinho a Gilberto por la izquierda, rápida descolgada, corte hacia el área, y taponazo imparable que entró rascando el poste izquierdo de Kawaguchi, ampliando la diferencia 3-1.
Y el último gol, de Ronaldo, recibiendo de Juan, en la zona en que crujen los huesos, al minuto 81, cuando el suspenso se había esfumado.
En cierta forma, fue como el verdadero debut de Brasil, con la brillantez de sus estrellas, iluminando el planeta con aquella magia pura que había estado oculta.