En esta ciudad está casi todo el mundo y al decir todo el mundo, no se trata de una metáfora, es realmente verdad, oficialmente 183 países viven en la actual “capital mundial del futbol”. A ellos se les suman los turistas y fanáticos del futbol.
Alemania en todo caso, con diez millones de extranjeros residentes es después de Estados Unidos y Rusia, la nación con mayor número y porcentaje de migrantes en el mundo, sin incluir los nacionalizados e hijos de migrantes.
Sin embargo, reconocer esto a pesar de las estadísticas costó mucho, todavía a finales de los noventa se negaba el nuevo modelo migratorio de un país donde uno de cada cinco habitantes tiene procedencia extranjera y donde el crecimiento poblacional es negativo.
Después de dos semanas de futbol, parece que no hubieran existido nunca intensos debates sobre control migratorio e integración.
Hace un par de días un periódico entrevistó a personas de la comunidad turca (2.5 millones en el país), pues en su gran mayoría apoyan al onceno alemán. A pesar de los resentimientos culturales, el deporte parece haber conseguido lejos de los debates políticos y académicos, una integración entre dos comunidades que viven prácticamente en mundos paralelos.
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Especial para La Prensa / Alemania
Faruk Cen, experto turco-alemán en asuntos de integración, explicó en una entrevista a la cadena Deutsche Welle, que este fenómeno se debe no solamente a que el equipo turco no clasificó para el Mundial, sino, porque en el pasado Mundial en Corea y Japón, cuando Turquía jugó hasta las semifinales, muchos alemanes apoyaron al equipo y ahora los turcos de manera solidaria le quieren pagar de la misma manera.
Todos estos componentes culturales se reflejan claramente en la concepción de la selección alemana, donde al menos cuatro de sus superestrellas son migrantes: Miroslav Klose y Lukas Podolski, nacieron en Polonia; Oliver Neuville tiene madre italiana y nació en Suiza. David Odonkor tiene un padre ganés y Gerald Asamoah nació en Ghana.
La historia del actual líder goleador del campeonato es muy representativa. Sus padres de origen alemán vivían en Polonia, donde nació y tuvo su infancia temprana, a la edad de 8 años después de haber vivido en Francia, se asentó con su familia como asilante en el Estado de Renania Palatina.
Se puede decir entonces que el balón no sólo es esférico, también tiene múltiples colores.