Recientemente tuve la oportunidad de asistir a un curso de formación de Formadores en Desarrollo Rural y Agricultura Sostenible, donde el objetivo principal era discutir sobre los procesos de desarrollo en las zonas rurales y el papel que los sistemas agrarios juegan en dichos procesos en un contexto de sostenibilidad socioeconómica y ambiental.
Para ningún nicaragüense pasa inadvertido que la producción agropecuaria juega un papel fundamental en su aporte a la economía nacional y que las zonas rurales en donde se desarrolla esta producción es donde existe mayor pobreza.
Son muchos los factores de bloqueo que inciden para que la agricultura no cumpla el nuevo papel en el que se están insertando la mayoría de países: el de la multifuncionalidad. Este nuevo enfoque en el que la agricultura debe desarrollar tres componentes principales: que sea económicamente viable, socialmente práctica y ambientalmente sostenible. Este nuevo enfoque es el que deben considerar los profesionales agrarios y los programas y proyectos enfocados en la producción agropecuaria, tomando en cuenta los nuevos retos de la apertura de los mercados.
La mayoría de los representantes de países latinoamericanos presentes en dicho curso coinciden en que la nueva ruralidad enfrenta nuevos retos. Coincidentemente tenemos las siguientes fortalezas: espacios territoriales con potencialidad de ofertar servicios ambientales, gran diversidad biológica y ambiental, gran acervo cultural y tradicional y una gran capacidad de respuesta a la demanda de los mercados.
De igual manera presentamos coincidencias en cuanto a debilidades: falta de infraestructuras viales y de servicios básicos en las zonas rurales, resistencia a la innovación tecnológica, desarticulación de los agentes de la cadena productiva, acceso al crédito, bajos niveles educativos y organizaciones débiles, entre otros.
Considerando lo anterior el modernizar la agricultura tradicional a una multifuncional debería ser la primera prioridad en las zonas rurales incidiendo en factores como aprovechamiento de los recursos naturales, mejorar la escala de producción y evitar el aislamiento.
A pesar de la escasez de recursos financieros, pueden establecerse “fondos estructurales” alimentados con recursos públicos, privados y externos, lo mismo que marcos legales y de programación más estables que contribuyan a fortalecer tanto las políticas agrícolas y rurales de arriba abajo como la participación y concertación de los actores sociales en la programación territorial de abajo a arriba.
Es innegable un nuevo reto para desarrollar las zonas rurales, el crear condiciones que favorezcan sosteniblemente el desarrollo productivo rural (multifuncionalidad) por su capacidad de estimular la participación y concertación de los agentes, aprovechar recursos locales subutilizados, generar bienes públicos y crear economías externas o de escala.
El autor es ingeniero agrónomo