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Potente, atlético, rápido, hábil con la pelota en los pies, el marfileño Didier Drogba se convirtió en dos temporadas y media en uno de los atacantes más temidos del planeta.
La carrera del nativo de Abidján se parece a un cuento de hadas: comienza en Le Mans (1998), en la D2 francesa y salta al Guingamp (2001-2003), antes de un breve paso por el Marsella, que le abre las puertas del ambicioso club inglés Chelsea, propiedad del millonario ruso Román Abramovich (2004).
Un veloz ascenso coronado a fines del 2005 con la primera calificación de Costa de Marfil para la fase final de un Mundial.
Autor de 9 goles en 10 partidos de eliminatorias, Drogba es un verdadero ídolo en su país, donde una famosa cerveza lleva ahora su nombre.
Enviado a Francia cuando tenía cinco años bajo la tutela de su tío Michel Goba, profesional en Brest, el joven Didier descubre el mundo del futbol muy temprano. Luego regresa a su país pero, en 1989, la crisis económica lo impulsa a regresar con su tío.
A los 20 años, Drogba es fichado por Le Mans (segunda división en ese momento) y en 2001 firma como profesional con el Guingamp. En su segunda temporada en la élite marca 17 goles y se convierte en el atacante más codiciado del campeonato francés.
Historia de amor con el Marsella
Pese a la insistencia del Lyon, campeón por segunda vez consecutiva, Drogba opta por el Marsella en 2003. Su historia de amor con el público del Velodrome dura sólo un año, tiempo suficiente para anotar 29 goles (todas las competencias incluidas) y de conducir al club a la final de la Copa de la UEFA.
Para los marselleses, es el sucesor de Jean Pierre Papin, el atacante mítico de los años de gloria del club en los noventa. Pero la oferta de Abramovich (unos 33 millones de euros) es imposible de rehusar y Drogba vuela a Londres a defender los colores del Chelsea.
Campeón de Inglaterra y ganador de la Copa de la Liga en 2005 al término de su primera temporada inglesa, Drogba está en la cima de su arte y es una de las atracciones del Mundial 2006.