(Ilustraciones: La Prensa/Luis González. )

El poder del capital social

El capital social es la parte blanda de los negocios, las redes informales, el conocimiento acumulado, la comprensión mutua y la confianza que permiten que una organización sea eficaz. Inclusive, un gerente de nivel mediano puede construir un capital social dentro de su esfera de control. Y eso vale el esfuerzo porque los beneficios del […]

El capital social es la parte blanda de los negocios, las redes informales, el conocimiento acumulado, la comprensión mutua y la confianza que permiten que una organización sea eficaz. Inclusive, un gerente de nivel mediano puede construir un capital social dentro de su esfera de control. Y eso vale el esfuerzo porque los beneficios del capital social son inmensos.

He aquí las normas y prácticas que redituaron grandes beneficios a Cargill, la empresa donde pasé toda mi carrera y de la cual me jubilé como presidente del directorio en 1995:

1. EL RECLUTAMIENTO: CONTRATE PENSANDO EN LA APTITUD Y EN LA ACTITUD

El primer paso para crear capital social es reclutar a buenos empleados. Cuando se trataba de potenciales gerentes, buscábamos que tuvieran experiencia en actividades de equipo, una genuina curiosidad y el llamado “factor gitano”, esto es, que desearan desplazarse por el país, y tal vez por el mundo. También elegíamos a personas que no temían expresar lo que pensaban.

2. ADIESTRAMIENTO: USE EL SISTEMA DE LOS APRENDICES

Un vasto entrenamiento es la mejor garantía de que líderes futuros entenderán la empresa en su conjunto, y no se convertirán en seres que defienden un territorio en particular. Nosotros contratamos candidatos a gerentes en tandas y los adiestramos durante seis meses a través de asignaciones progresivas de dos semanas cada una, tanto en la sede como en el campo de operaciones. Fue un sistema de aprendizaje en el que personas jóvenes aprendieron de sus maestros.

3. LA NECESIDAD DE DEMOSTRAR VALORES

El capital social prospera gracias a la confianza surgida de valores compartidos. Nosotros comunicamos a cada empleado una política clara basada en estos principios:

Cada empleado acatará las leyes de las jurisdicciones en que opere.

Si una práctica no puede ser discutida abiertamente, debe ser equivocada. Si una transacción no puede ser registrada en los libros, y ser sometida a una auditoría independiente, debe haber algo incorrecto.

Todo negocio que no se concrete a través de una competencia que sea legal y honesta, está mal.

Cargill no quiere obtener ganancias de prácticas inmorales o carentes de ética.

4. EMPLEO: HAGA UN COMPROMISO A LARGO PLAZO

Una profunda pericia, una memoria institucional, la continuidad en el liderazgo y redes personales son construidas a través de un empleo a largo plazo y promoviendo a trabajadores dentro de la empresa. La mayoría de las corporaciones despiden a sus empleados en años malos. En Cargill, retuvimos a nuestros empleados y nos concentramos en salir de nuestros problemas a través del crecimiento.

Nuestro desarrollo se efectuó de manera continua a través de la reducción de los costos. Como éramos un productor de bajo costo, podíamos capturar una franja mayor del mercado y mantener a todo el personal trabajando durante ciclos de empeoramiento de la economía.

También nos desarrollamos adquiriendo empresas que sabíamos cómo administrar.

Los empleados deben sentirse seguros en sus trabajos. De lo contrario, no aceptarán riesgos. Pasarán más tiempo mirando por encima del hombro y desempolvando sus curriculum que trabajando para la compañía.

5. PROPÓSITO: ASEGÚRESE QUE TODOS PUEDAN COMPARTIR LOS LOGROS

Cargill tenía un claro propósito cuando lideré la compañía: mejorar el estándar de vida de todos aquéllos con que estaba en contacto. Ese tipo de motivación hacía que todos se sintieran parte de algo realmente importante.

Un propósito con altas miras necesita un mecanismo para que lo transforme en acción. Nuestro mecanismo era un estándar sencillo, a nivel mundial, para la calidad de los alimentos y del agua, para la seguridad en tareas riesgosas y para la práctica ética de los negocios.

Esas normas trajeron estándares norteamericanos a empleados y a comunidades en zonas donde eran habituales el agua y los alimentos contaminados, peligrosas condiciones de trabajo y prácticas corruptas en materia empresarial.

Nuestros empleados pudieron ver el impacto de esas normas en comunidades donde hacíamos negocios. Al defender ese estándar, nuestros empleados se sentían orgullosos. Y las personas orgullosas trabajan con más ahínco.

El autor es ex presidente de la empresa Cargill

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