Un aficionado australiano disfrazado de canguro se robó el show en el juego de la selección de su país frente a Brasil. (LA PRENSA/AFP)

Fiesta en Munich

[doap_box title=»El ambiente» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En la mañana del domingo, las áreas comerciales de Munich se convirtieron en un hervidero y los “aussies” y “canarinhos” se concentraban para tomarse fotos juntos, otros elegían tatuarse provisoriamente la bandera de su país o someterse a una “sesión” callejera de pintura facial. Los visitantes también abarrotaban las grandes […]

[doap_box title=»El ambiente» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En la mañana del domingo, las áreas comerciales de Munich se convirtieron en un hervidero y los “aussies” y “canarinhos” se concentraban para tomarse fotos juntos, otros elegían tatuarse provisoriamente la bandera de su país o someterse a una “sesión” callejera de pintura facial. Los visitantes también abarrotaban las grandes tiendas para comprar recuerdos de la Copa.

Muchos australianos cargaban en sus espaldas canguros inflables como mascotas, enfundados en pelucas auriverdes y en su bandera. También hubo “duelos” musicales con brasileños formando batucadas para desafiar con su samba a “aussies” que hacían barullo con cornetas, trompetas y gaitas.

Ya en el moderno estadio Fifa World Cup, hacia las afueras de la ciudad, la aglomeración comenzó temprano y cientos de hinchas llegaban ya cinco horas antes del choque, muchos con intenciones de conseguir boletos cuyo valor podía llegar a 400 euros.

Dentro, al son de éxitos de la música pop, las tribunas, repletas de banderas, estallaban en aplausos y gritos cuando los ídolos salieron a calentar en campo.

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Canguro, samba y leones

MUNICH, Alemania/AFP

El partido entre Brasil y Australia, por el Grupo F de la Copa del Mundo 2006, agitó a más no poder a la “capital de la cerveza” alemana, la ciudad de Munich, atrayendo multitudes de hinchas y turistas que la tapizaron en dos colores: amarillo y verde.

“La Seleçao” chocó ayer a los “Soceroos” en el estadio Fifa World Cup, lo que generó gran expectativa por el debut triunfal de ambos, pero también por la característica de sus entusiastas seguidores, que hicieron correr ríos de cerveza por la ciudad.

Desde el día antes del juego, el ambiente de fiesta y carnaval había ganado las principales vías y áreas turísticas, con bares y cafés desbordados principalmente por australianos y brasileños, aunque también había grupos de italianos, ingleses o norteamericanos.

En la medianoche continuaban los más “fiesteros” bebiendo y cantando por las pequeñas calles del centro de Munich, pero los australianos eran mayoría, y exhibían su efervescencia y entusiasmo alzando jarras de a litro de cerveza.

Las camisetas más vistas en las calles eran de Ronaldinho Gaúcho y Ronaldo del lado de los brasileños, mientras en los oceánicos predominaban las de los delanteros Mark Viduka y Harry Kewell.

A corta distancia de la Catedral, cuatro australianos exaltados, luciendo faldas escocesas, habían dejado un “cementerio” de latas de cervezas contra un muro y jugaban al futbol en plena peatonal. Uno de ellos, sin camisa, eludía turistas y relataba un imaginario partido “Kewell la lleva, elude a uno…”.

En muchas peatonales de Munich hay estatuas de leones, casi de tamaño natural, todas pintadas por artistas con motivos vistosos y variados, como manchas de leopardo, diseños sicodélicos, impresionistas o futboleros.

Éstas se convirtieron en “estrellas” posando casi obligatoriamente para los miles de hinchas y turistas que llegaron para seguir el duelo.

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