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FANÁTICOS DEL MUNDO EN HISTÓRICA CIUDAD
BERLÍN /AFP
La histórica ciudad de Berlín se ha convertido en una romería incesante de turistas que aprovechan la Copa del Mundo para conocer su apasionante historia, teñida hasta hace poco por la disputa entre el bloque occidental y el de la ahora disuelta Unión Soviética.
Y en sus calles, los de habla hispana se mezclan con los que hablan lenguas anglosajonas en forma predominante.
Berlín por poco no habla portugués, pintado de verde y amarillo por brasileños, a los que siguen argentinos o paraguayos que se cuentan sus cosas en guaraní y nadie los entiende.
Abundan los ecuatorianos por decenas y también los mexicanos, estos últimos, como una marea, entre españoles y estadounidenses.
Todos los caminos, como si fuera Roma, conducen a la Puerta de Brandeburgo, el símbolo de la ciudad; es la única que se conserva de las 14 murallas que en el siglo XVIII rodeaban a Berlín. Desde la caída del muro en 1989 se permite de nuevo el paso a través de este monumento.
A corta distancia se encuentra un imponente coloso de piedra, el edificio del Reichstag, que ahora es sede del Parlamento alemán desde 1999 y cuya caída en 1945 marcó el fin del Tercer Reich con la derrota del nazismo.
Brandemburgo fue uno de los pocos monumentos que quedaron en pie al final de la Segunda Guerra Mundial con la entrada de los soviéticos, a pesar del incesante bombardeo diario de los aliados.
Los soviéticos de Stalin se apoderaron de su parte más antigua e importante. Poco después llegaron los aliados y tomaron la parte occidental.
Por increíble que fuere, Berlín fue tomada por cuatro potencias que la dividieron en cuatro partes.
Fue el origen de la división de Alemania y de Europa en dos con el mundo comunista detrás de la Cortina de Hierro y el capitalista, hacia Occidente.