La Profecía

Aplicando el refrán de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, le doy sólo dos perros calientes a este refrito Aparte de la película La Profecía, nada interesante pasó el 666 y fue un día más de aburrido trabajo. Por la noche apenas hubo un tímido temblor y hasta ahí llegamos. Ni […]

Aplicando el refrán de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, le doy sólo dos perros calientes a este refrito

Aparte de la película La Profecía, nada interesante pasó el 666 y fue un día más de aburrido trabajo. Por la noche apenas hubo un tímido temblor y hasta ahí llegamos. Ni modo. Lucifer parece que se puso perezoso o es que ahora está esperando el 9 de septiembre del 2009 para hacerse presente.

Aplicando el refrán de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, La Profecía logró buenos resultados con una presentación un martes en todo el mundo, bajo el señuelo del número de la bestia y la siempre atracción de la llegada de Satanás a un mundo al que sólo eso le hace falta.

Este refrito tiene la misma tesis que la original —la cual no explicaré ni en qué año se produjo ni quién la dirigió, para no meterme de nuevo en camisa de once varas— y es del nacimiento del diablo. En realidad la película no aporta mayores cosas a su antecesora y es, digamos, una copia exacta de la primera, sólo con algunas pequeñas, pequeñísimas variantes que la vuelven un poco aburrida, al menos para el que ya la vio hace años, aunque he de reconocer que a más de alguno levantó de la butaca, tiró sus palomitas o se atragantó con los nachos.

En mi caso, he de rescatar las escenas en que la mujer está en el lavabo cepillándose los dientes. Es una imagen muy angustiante y es perfecta en darnos la sensación de miedo. La otra es que los preámbulos de las muertes fueron menos emocionantes que los de la original, por lo que al menos, a mí, me quedaron malos sabores. Hay un tercer aspecto y fue la presencia de Mia Farrow en la cinta que sí tiene una buena actuación pero que no contribuye absolutamente a nada y que no produce mayores diferencias en el relato.

Las escenas de miedo están buenas, así que mejor se preparan, porque de lo contrario serán víctimas de un director que por desgracia sólo reflejó casi íntegramente la primera parte y no aportó nada de su cosecha. Y ya saben. Aunque las salas de cine no la catalogan como prohibida para menores de edad, esta película definitivamente no es para niños ni para aquellos infantes de amplio criterio, así que mejor los dejan viendo Plaza Sésamo o Barnie.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí