- Lleno total en triunfo de Brasil
Especial para La Prensa/Berlín
El calor cobijó a los miles de fanáticos que asistieron desde tempranas horas de la tarde del martes al histórico Estadio Olímpico de Berlín para el encuentro entre Brasil y Croacia.
El Sol brillaba con intensidad, el verano se hacía sentir para recibir a los aficionados de Brasil que llenaron de color verde y amarillo las diferentes calles de la capital alemana; del otro lado estaban los croatas, quienes lucían sus singulares trajes rayados en cuadros de rojo y blanco.
Un festín en este histórico colosal que guarda entre sus gigantes paredes grandes eventos deportivos como los Juegos Olímpicos y ahora el encuentro debut de Brasil y Croacia en la Copa Mundial.
Las manecillas del reloj dieron en punto las nueve de la noche en Alemania, el mundo apuntó ante este encuentro, mientras en el estadio las canciones de los aficionados sudamericanos no cesaban, pedían constantemente el gol desde que pito al árbitro central, Benito Archundia.
El gol que se festejó
La ansiedad no paraba, hubo muchas llegadas para los brasileños hasta que la samba acaparó el estadio en su totalidad cuando Kaká anotó el primer tanto de Brasil.
La trompeta del señor Pedro Do Santos sonó más fuerte que nunca, exclamando el gol del niño prodigio del Milán, el pequeño Kaká.
Las brasileñas que bailaban al son de los tambores, con su ritmo contagioso, se agitaban con la misma movilidad que Ronaldinho manejaba el balón en la cancha, con ritmo, rapidez y sutileza.
Mientras los croatas no se cansaban y gritaban en una sola voz “oeea, que viva Croacia, podemos lograrlo”. Dado Prso el delantero croata sólo alzaba su mirada y muy optimista incentivaba al equipo a cumplir el deseo de su fanaticada.
Pero el sueño no se volvía realidad, a medida que pasaba el tiempo se transformó en una pesadilla, por más que la selección insistiera en la ofensiva.
Por su parte Brasil no se echaba atrás aunque fue sorprendido por los delanteros de Croacia en la segunda mitad.
No obstante esto no importaba para el pueblo brasileño. El gol de Kaká fue motivo suficiente para que celebraran a lo grande y se tomaran por completo Berlín, la ciudad de la noche que se transformó en la pequeña Brasil donde la selección sudamericana conquistó su primer triunfo.