Bernd Schneider, de alemania, salta sobre el polaco Jacek Krzynowek, cuyo equipo terminó literalmente en el piso. (LA PRENSA/AP)

se hizo justicia

[doap_box title=»¡Cómo pararlos!» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Muy superior se ha visto el equipo alemán en los juegos con Costa Rica y Polonia, y seguramente lo seguirá siendo contra Ecuador. El equipo en el que pocos creían, incluso en Alemania, ha vuelto a ser una maquinaria ofensiva con suficientes variantes, sin tener a Ballack en su mejor […]

[doap_box title=»¡Cómo pararlos!» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Muy superior se ha visto el equipo alemán en los juegos con Costa Rica y Polonia, y seguramente lo seguirá siendo contra Ecuador.

El equipo en el que pocos creían, incluso en Alemania, ha vuelto a ser una maquinaria ofensiva con suficientes variantes, sin tener a Ballack en su mejor forma.

El banco que tanto le preocupaba a Klinsmann, ha respondido, y la velocidad ha sido muy bien utilizada.

Con seis puntos, Alemania ha quedado en una posición estupenda, a un lado de la olla de presión. Su último partido con Ecuador es el miércoles.

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Alemania merecía ganar

Por caer el telón y apagarse las luces, el gol de Oliver Neuville, entrando como un torbellino para tomar el pase de Odonkor desde la derecha, iluminó a Alemania, estremeció al planeta y estableció justicia.

Ganó Alemania 1-0, y con seis puntos, hace planes para octavos de final. ¡Qué bueno seguir disfrutando de esa agresividad casi sin pausas en busca de triunfar!

No podíamos creer lo que estábamos viendo. No era posible que tanta insistencia, desplegando toda la vitalidad imaginable, no obtuviera recompensa. Mas allá de ver a Polonia quedar con un hombre menos en los últimos 15 minutos, no había forma de evitar desear el triunfo de Alemania. Asunto de merecimientos diría Confucio.

Ha sido el de Neuville, uno de los goles más difíciles de lograr en la historia de Copas del Mundo. De pronto, no eran sólo los prodigiosos reflejos, reacciones espectaculares y manos seguras del arquero polaco Artur Boruc, lo que evitaba que Alemania abriera el marcador. También se movían el horizontal y los postes, el área grande resultaba insuficiente, y en la pequeña, los esfuerzos germanos eran estrangulados.

Aquello era tan inexplicable como enloquecedor y rompecorazones para los alemanes. Hasta que por fin, en el minuto 90, con la inspiración casi agotada y las piernas desfallecientes, que se estructuró la jugada cumbre. Se fue Odonkor por la derecha buscando la vecindad del área, a interceptar una pelota adelante, y sobre el primer rebote, envió el pase. Neuville como un proyectil, apareció entre dos defensas barriéndose y empujando el balón a las redes.

Así ganó Alemania 1-0, con un gol que costó tanto en construir como la Pirámide de Keops, el Partenón o la Torre Eiffel.

Antes, fuimos testigos de otra rareza. Klose estrelló un cabezazo en el travesaño con Boruc inutilizado, y de inmediato, en la secuencia de la misma jugada, Ballack con la zurda, volvió a hacer temblar el horizontal. ¡Diablos, dio la impresión que se trataba de una brujería!

Difícilmente se han visto tantos intentos de gol y permanecer en cero.

A los cinco minutos, Schweinsteiger se filtra en llamativa gestión individual, pero su intento, con el público saltando de las butacas en busca del mejor ángulo, fue rechazada.

Luego, a los nueve minutos, Miroslav Klose toma un pase de Michael Ballack, dispara con la zurda y exige una brillante reacción de Boruc. Nuevamente, la multitud regresa a sus asientos. Sobre el minuto 20, un rugido producido en Dortmund estremece a Alemania. Phillip Lahm envía un pase a media altura y aparece en pantalla impetuosamente Miroslav Klose, con un cabezazo que se desvía sorprendentemente.

A los 35, Lucas Podolski recibe una pelota desde la izquierda enviada por Lahm, y traza una rápida y desequilibrante maniobra que lo deja en diálogo directo con Boruc, pero su disparo de zurda, es neutralizado. Y por finalizar los primeros 45 minutos, Podolski, recibiendo otra vez de Lahm, escapando hacia su izquierda y enfrentado a Boruc casi golpeando la puerta polaca. No podía dibujar un ángulo apropiado, así que se vio forzado a rematar con la derecha sin potencia, y Boruc congeló alientos desviando hacia afuera.

En el segundo tiempo, un remate de Klose a los 62, un tiro de Frigns con la pierna derecha a los 64 y Mertesacker con un cabezazo a los 67, continúan presionando sin poder llegar a las redes. Klinsmann que está desesperado viendo a su tropa batallar con una intensidad impresionante, decide sacar a Podolski y meter a Neuville en el minuto 70, garantizando sostener la presión con vitalidad renovada.

A los 74 sale Sobolewski y Polonia queda con 10, logrando pese a esa desventaja, fabricar un par de peligrosas penetraciones. Pero Alemania sigue en pie de guerra. A los 74, cabezazo de Klose, a los 79, gran oportunidad de Borowski, a los 84, Klose de nuevo.

Finalmente, cabalgando sobre una angustia incontrolable, el gol de Neuville, que fue festejado hasta por la estatua de Carlomagno en Francfort.

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