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BERLÍN/AFP
Desde Mogadiscio hasta Kabul pasando por Bagdad, no cabe duda de que seguir por televisión los partidos de la Copa del Mundo-2006 de futbol puede ser malo para la salud y a veces, incluso, fatal.
En la capital somalí, presa de una rebelión islamista, los tribunales islamistas prohibieron a la población ver jugar a Alemania por televisión, considerando que era contrario a las enseñanzas del Islam.
En una breve aunque violenta protesta, dos personas fueron asesinadas mientras la Unión de Tribunales Islámicos obligaba a cerrar tres cines y advertía a los aficionados al futbol que no vieran los partidos que se retransmiten vía satélite.
“Los tribunales islámicos han ordenado el cierre de tres cines”, declaró Abdulaziz Hanad, residente en Sukahola. “Quieren asegurarse de que nadie vea los partidos del Mundial”, añadió.
En Bagdad, muchos iraquíes temen perderse el espectáculo porque la televisión pública nacional no tiene los derechos de retransmisión y el precio de las suscripciones a canales privados está por encima de las posibilidades de la gran mayoría.
“No puedo comprar un descodificador para el canal árabe que está emitiendo todos los partidos”, decía el estudiante Mustafá Abdel Sattar. Por 175 dólares los suscriptores reciben los 64 encuentros del Mundial a través del canal ART.
En otro país agitado por la violencia, los 10,000 miembros de las fuerzas de la OTAN pueden ver los partidos en pantallas gigantes en la sede de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) en Kabul.