- Wade luce imparable en triunfo de Miami
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Olvídense de la clase. Es la garra la que te impulsa hacia la proeza. Quedó demostrado anoche cuando el Heat de Miami salió heroica y espectacularmente de las brasas para imponerse 98-96 en un final de alarido.
Con el marcador 83-71 a favor de los Mavericks de Dallas en el último cuarto, uno pensaba: no hay forma de frenarlos. Ese “olor a difunto”, en ese momento de dramatismo derrite pirámides, era producido por el Heat de Miami.
Fue un cierre de juego increíble. El equipo de Miami se acercó 93-88 ante el asombro de todos y cuando Shaquille O’Neal, casi siempre errático en los libres acertó dos y Dwyane Wade fue encima de la canasta para recortar la distancia 93-92, los Mavericks sintieron que les habían movido de sitio su centro de gravedad y estaban desequilibrados.
Dos libres de Udonis Haslem faltando 1.03 minutos, dieron ventaja a Miami 94-93 . Posey con otro libre aumentó a dos la diferencia, pero el implacable alemán Dirk Nowitzki empató a 95 a la orilla del último grito del drama. Un gran tiro de Gay Payton colocó a Miami adelante 97-95, y un libre de Wade quien atrapó el rebote matador de Mavericks en el momento cumbre, neutralizó el punto de tiro libre de Nowitzki sellando el 98-96 y manteniendo con vida al Heat.
El equipo de Miami realizó un excelente despegue imponiéndose 29-21 en el primer cuarto con Wade marcando 13 y Shaquille resurgiendo con 8, mientras el impulso de Nowitzki era limitado a sólo 3 puntos, y Josh Howard encabezaba la ofensiva de Dallas con 7.
Se necesitaba ver, si el equipo de Miami no se volvería a derretir después de un inicio alentador como ocurrió en la primera batalla. La multitud se sintió estimulada con el Heat superando a los Mavericks por una nariz, 22-21 en el segundo cuarto para un global de 42-43 al llegar el partido a su ombligo. Wade marcó 8, pero Shaq fue recortado a sólo 2.
Quedaba mucho camino por recorrer, con el tiempo suficiente para que Dallas reaccionara y consiguiera el ritmo que le permitió crecer en la segunda mitad. Pat Riley se encontraba frente a una gigantesca intriga: ¿responderían sus hombres al reto de sostener esa ventaja?
No lo lograron al derrumbarse en el tercer cuarto, pero reaccionaron heroica y milagrosamente para arrebatar espectacularmente el juego.