Desde niños hasta mujeres y en cualquier tipo de terreno, los afganos están jugando al futbol, contagiados por el Mundial. (LA PRENSA/AFP)

Afganistán se contagia

Mujeres ya están jugando al futbol KABUL/AFP Son fanáticas de Brasil, pero contrariamente a los jugadores de la “Seleçao”, las jóvenes futbolistas afganas con frecuencia son obligadas a jugar donde no las vean, en una sociedad todavía convencida de que este deporte es sólo cosa de hombres. “Es duro para una chica jugar al futbol […]

  • Mujeres ya están jugando al futbol

KABUL/AFP

Son fanáticas de Brasil, pero contrariamente a los jugadores de la “Seleçao”, las jóvenes futbolistas afganas con frecuencia son obligadas a jugar donde no las vean, en una sociedad todavía convencida de que este deporte es sólo cosa de hombres.

“Es duro para una chica jugar al futbol en Afganistán… La sociedad opina que no es para las mujeres”, suspira Khalida Bhopal, de 18 años. Pero esta pionera del equipo nacional femenino, creado hace apenas algunos meses, no tiene cura…

“No me importa, yo quiero jugar al futbol, quiero ser la mejor”, afirma con decisión antes de juntarse con sus compañeras de equipo en una cancha de basquetbol en mal estado, en un parque de la capital, donde los hombres no tienen acceso.

Todo el equipo juega en chándal (pantalón-buzo) y la mayoría cubre sus cabellos con un pañuelo. El Islam no prohíbe a las mujeres hacer deporte, pero deben respetar las reglas de decencia de la religión musulmana y no pueden mezclarse con los hombres.

“No es una cuestión religiosa, es la sociedad afgana. Se trata de una sociedad ‘machista’, todavía demasiado conservadora como para aceptar que las mujeres se exhiban en público”, afirma Ali Askar Lali, ex capitán de la selección nacional masculina, quien en los años ochenta pidió asilo político en Alemania.

Inclusive en las calles de Kabul, de lejos la ciudad más cosmopolita y moderna del país, la mayoría de las mujeres visten la “burka”, la vestimenta tradicional que cubre por completo el cuerpo y cuenta apenas con una rejilla a la altura de los ojos. La Federación cuenta apenas con 250 licencias femeninas.

“El futbol femenino es nuevo en Afganistán, y ellas no pueden jugar en el exterior, donde todo el mundo podría verlas”, subraya Lali.

A veces, las chicas se ven forzadas a jugar en sala en equipos de siete futbolistas, ante un público reducido en el cual casi no hay hombres.

“Y cuando los hay, a veces hacen comentarios descorteses”, señala Azadeh Naem, de 18 años, lo que desconcentra a las jugadoras en algunas ocasiones.

“Dicen groserías y algunas de las chicas se intimidan y juegan mal. Yo no les presto la menor atención, los idiotas serán siempre idiotas”, afirma la joven, que se apasionó por el balón cuando su familia estuvo refugiada en Irán. Al regresar a su país, decidió buscar un club femenino contra la opinión de su padre.

“Afganistán es un país en guerra y hay peligro en todas partes, por lo que las familias quieren que las chicas estén en un lugar seguro, e incluso a veces prefieren que no salgan a la calle”, explica Azadeh.

El entrenador, Abdul Sabour Walizada, está orgulloso de su equipo, que tomó a su cargo desde que un grupo de mujeres pidió el apoyo de la Federación afgana de futbol. Su ambición es que el equipo participe en torneos internacionales, un sueño que comparte con sus jugadoras.

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