- Pocos saben que el más famoso plato típico granadino debe su nombre a un tónico refrescante que se comercializaba en Nicaragua hace más de 90 años, cuando una tarde una mujer a quien llamaban “La Loca” tenía entre sus manos un recién inventado platillo compuesto de yuca cocida, chicharrón y ensalada e inspirada en una publicidad de la bebida le llamó a su deliciosa ocurrencia: el vigorón
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un sabor en cada esquina
CORRESPONSAL / GRANADA
Si usted ya ha tenido la oportunidad de visitar la hermosa e histórica ciudad de Granada ya sabrá que se necesita la fortaleza de un titán para resistir tanto viaje entre uno y otro atractivo que ofrece La Gran Sultana y, por si aún no lo sabe, considere entonces la siguiente advertencia.
Recorrer el centro histórico de la ciudad más antigua en tierra firme del Continente Americano puede resultarle cansado.
Visitar un antiguo convento, varias casas antiguas con llamativas historias, media docena de iglesias y otros tantos edificios públicos son muchos pasos o varias vueltas en coche y necesitará un receso para tomar aire fresco y comer un poco, sobre todo porque a esa altura del recorrido aún le queda pendiente un viaje en lancha por las paradisíacas isletas del lago Cocibolca o una escaladita en el imponente volcán Mombacho.
Para comer en Granada, los sultanecos siempre tienen una popular sugerencia: su exótico plato típico llamado vigorón, que si bien se degusta en varias partes del país, fue inventado aquí y según los granadinos: dejando a un lado la tradicional “fachentería”, en ninguna otra parte se hace mejor.
COMO SE SIRVE
El vigorón granadino se sirve sobre una hoja verde de plátano, mejor conocida como chagüite, en ella se acomoda un poco de yuca bien cocida y suave, chicharrón con abundante carne de cerdo gorda y tostada y una ensalada jugosa y picante, con algunos trozos de una fruta ácida llamada mimbro, para darle un toque especial.
Según las vigoroneras granadinas, el alimento que más gusta es el que se sirve con una yuca tan suave que se deshace cuando el vinagre la humedece y para esto, la yuca es encargada en Masaya, las isletas o el volcán Mombacho.
Para Yelba Urbina, conocida como “La Gata” por sus grandes ojos verdes, hay un detalle que hace al vigorón de Granada un plato irrepetible y es un ingrediente que ella misma escoge para servir con gusto en su puesto ubicado en uno de los kioscos del Parque Colón.
“Un buen vigorón granadino se hace con chicharrón de Granada, que tiene carne gorda y una cáscara bien tostada”, advierte.
Según “La Gata”, “a veces la gente comenta que el vigorón granadino ya no es el mismo, que está perdiendo gusto y calidad, pero es porque el chicharrón se trae de otra parte, te sirven menos y es más delgado, por eso no sabe igual porque no lleva todo lo que debe llevar que es carne, gordura y cáscara”, explica.
Para ella y otras vigoroneras instaladas desde hace varios años en las esquinas del Mercado Municipal y en los cuatro costados del Parque Central o Colón, otro secreto para un buen vigorón es una ensalada con repollo bien picado, tomate y cebolla, adornada con rebanadas de mimbro fresco y bañada con jugo de chile maduro.
Usted despreocúpese por el picante porque el tradicional refresco de grama nunca falta junto a un vigorón y si de antojos se trata los puestos también ofrecen cacao, cebada, jengibre, coyolito, linaza o ensalada de frutas.
UN NEGOCIO QUE SE HEREDA
En la esquina noroeste del Mercado Municipal de Granada, hay al menos tres o cuatro puestos que ofrecen vigorón. A diferencia de los puestos del Parque Colón, en esta esquina no cabe una mesa ni sillas individuales, sólo largas bancas donde los clientes tragan codo a codo, muchos quizá en un breve descanso entre las compras diarias.
El puesto más antiguo de esta esquina es el de Francisca Sevilla. Ella heredó el puesto cuando su madre ya arrastraba una clientela por cuarenta años y cuarenta y cinco años más tarde permanece en el mismo sitio, ahora junto a su hija Dolores Ayala, quien la acompaña en el ajetreo desde la edad de siete años.
“Mi abuela Jacinta Sevilla empezó este negocio y nos heredó una fama de calidad que no hemos perdido. Este vigorón vienen a buscarlo desde Masaya, Rivas y Managua. También vienen extranjeros, con frecuencia se aparece un grupo de japoneses que gusta mucho del sabor de nuestro vigorón”, asegura Dolores, mientras su madre —un poco más tímida— sirve un plato de vigorón frente a una amplia batea.
Contemporánea a doña Francisca Sevilla fue la madre de Rosa Margarita Almanza, quien lleva 30 años vendiendo vigorón en el costado oeste del Parque Central con un puesto improvisado frente a la majestuosa casa de la familia Pellas, donde también decenas de coches esperan por clientes.
—¡Coche! ¡Coche! Ofrece un hombre que interrumpe su pregón para pedir un vigorón y seguir el día, pues son casi las cuatro de la tarde en Granada y los turistas empiezan a rondar la plaza para recorrer a bordo de algún clásico carruaje la colonial ciudad en pleno atardecer.
“El vigorón es buen alimento, con uno o dos quedas con ánimo para el resto del día”, explica apresurado José Rafael Hernández, cliente y amigo de Rosa Almanza que se alista para el primer bocado de su plato.