Salvador Cardenal.

Salvador Cardenal entre ángeles

Su música y su pintura están en constante comunicación; la ecología, los niños y la solidaridad El postmodernista y expresionista Salvador Cardenal ha entregado su vida joven a la música, la poesía y la pintura, tres enlaces nervudos e indispensables en el universo creador del arte. Es más conocido como cantautor, como voz y compositor […]

  • Su música y su pintura están en constante comunicación; la ecología, los niños y la solidaridad

El postmodernista y expresionista Salvador Cardenal ha entregado su vida joven a la música, la poesía y la pintura, tres enlaces nervudos e indispensables en el universo creador del arte.

Es más conocido como cantautor, como voz y compositor en el Dúo Guardabarranco al lado de su hermana Katia. La música y, más la de ellos, por andar en los caminos de la ventura, de la sensibilidad y del humanismo, ejerce mayor notoriedad popular, siendo dominante sobre los otros dos géneros de los cuales tienen agudo conocimiento los grupos selectos en su disposición de medir la distancia entre la misericordia (la sencillez) y la arrogancia.

Conozco el concepto que se tiene de los versos, de los óleos y de la sonoridad piadosa de Salvador Cardenal. Mucha de su poesía —la cantada— es superior a mucha de la simplemente escrita para leerse o decirse en las sesiones de la lectura compartida de los poetas pomposos.

El temperamento de Salvador Cardenal anda por los lados de la humildad colindante con la sensación de no lucir el artista las agallas que justamente tiene.

Esta vez, en una exposición personal acaba de mostrar veinte frescos de óleos sobre tela de identidad inédita, bajo el auspicio de Enitel. Pintor, ejecutor de rostros con mirada definitoria, cada uno de su destino. Ha mostrado ante una escasa asistencia en la noche inaugural, los últimos lienzos, los últimos iluminados detalles de su esculcar en los ambientes donde pone la luz indicada, la intensidad del color cuando está puesto el reflejo de la esperanza, el sentido óptimo de la vida o en la diversificación del “humanar” anímico, todo lo contrario.

Resulta admirable destacar en honor a su polifacetismo cómo esparce el tiempo en esta angosta lámina de la vida para crear con la misma honda inspiración, para lo que está abajo, para lo que subyace, en las tres ramas afines por supuesto, colgantes del árbol eterno de la plasmación. Dentro de ese esplendor multifacético a Salvador Cardenal le gusta pintar ángeles. Dice José Luis Cuevas que “él pinta a los ángeles que vienen a cuidar la tierra, ángeles del amor, caracterizados por la dulzura y el erotismo, ángeles que nos acompañan y nos dejan ver el cielo que todos llevamos dentro”.

Son ellos los dotados de las alas solidarias ante el clamor —desde la llanura— de los ciudadanos de la tierra en cuanto a ser los custodios celestiales de la naturaleza. Esta, recientemente vista, netamente personal, se diferencia de las colectivas presentadas con éxito en países como Estados Unidos, Rusia, Suecia, Alemania, Noruega y Dinamarca.

En la última entrega de su producción hubo el despliegue de los rostros con una acuciosa explicación de sus significados, sobre luces y sombras, recovecos recurridos por el instinto de vivir, paisaje, derrame de contrastes. Tantas aristas hay, tanta expansión angular, tanta distancia de tonos, en fin.

El carácter expresionista está en sus canciones, en su pintura, en su poesía. Cantante y compositor —no olvida y las vive confirmando— las rutas de su compromiso con la confluencia de los sentimientos de los pueblos latinoamericanos afiliados sin quererlo al Tercer Mundo. Pero en el rescate de la tradición folclórica lo veo más comprometido cuando usa el idioma vibrante de la música quizá por ser el modesto opinante más inclinado a oír que a ver.

Escuchar los benignos engarces dedicados a los niños de la calle, atrapados cada uno de ellos por los garfios del dolor. Lo valoro dispersando sus glándulas en la ecología —otra sana, limpia e irrefutable modalidad— fundamentándose en que esta estrecha abrazos, sinónimos con los vocablos de la conservación. Ambientalista eufónico y animador social porque saca del silencio a la marginalidad al ponerla en su repertorio, sin caer en los linderos comunes de la protesta demagógica, muchas veces más grotesca que la dura realidad.

En el dúo con Katia no se asoma. Se introduce a los altares. Enseña alas no sólo en su pintura y en su poesía, en su música, en las melodías corales a capela aupadas con la contra melodía algunas veces más dominante que la melodía original, lo cual produce una graciosa conversión: el ornato pasa a tener categoría de alto relieve en composiciones suyas como Guerrero del Amor, Guardabosques, Mi Luna, Casa Abierta, Dame tu Corazón. En todas ellas, en sus versos y en sus óleos está implícito el romanticismo, la palpitación filosófica, la ternura, la paz.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí