¿El ocaso del dólar?

En Bretton Wood (1944) el dólar se estableció como moneda líder de reserva a nivel mundial y su valor era garantizado por las grandes posesiones de oro que tenía Estados Unidos. En los setenta el cartel de la OPEP se comprometió con Estados Unidos a realizar sus transacciones de petróleo en dólares. En 1971 Estados […]

En Bretton Wood (1944) el dólar se estableció como moneda líder de reserva a nivel mundial y su valor era garantizado por las grandes posesiones de oro que tenía Estados Unidos. En los setenta el cartel de la OPEP se comprometió con Estados Unidos a realizar sus transacciones de petróleo en dólares. En 1971 Estados Unidos separó el dólar de las reservas de oro. Se comenzó a imprimir billetes sin sustento real en la producción. Los mercados financieros se inundaron de dólares.

El ex presidente de la Fed (Banco Central de Estados Unidos) Alan Greenspan, heredó una economía en crecimiento y pleno empleo, pero con descomunales desequilibrios en las cuentas. A medida que ha venido creciendo el déficit en la cuenta corriente de Estados Unidos, los economistas han esgrimido grises augurios para el billete verde. La depreciación del dólar ha puesto en jaque a los inversionistas y a los bancos centrales que intentan diversificar sus reservas, vendiendo dólares o comprando monedas más seguras y metales como oro y plata.

El déficit gemelo (presupuestario y comercial) es una causa fuerte de la incertidumbre de la moneda estadounidense. En el 2005 el déficit de la balanza de cuenta corriente alcanzó US$805,000 millones y el endeudamiento público se ubicó en US$424,000 millones. Según la firma Vachovia Securities, EE.UU. necesita unos US$3,500 millones diarios para cerrar su déficit de cuenta corriente.

La Fed ha subido las tasas de interés desde junio del 2004 en 16 veces, hasta alcanzar el cinco por ciento (antes del 20 de mayo 2005). La medida de subir el precio del dinero (aumenta la rentabilidad de invertir en activos estadounidenses), trata de atraer estos capitales, pero al mismo tiempo ha evitado una depreciación estrepitosa del dólar.

A la vista está la venta en cadena de valores en esta divisa. Esto puede provocar el desplome del valor del dólar y podría causar una crisis financiera mundial de inimaginables consecuencias, para el país más rico del planeta. Japón y China, países con grandes reservas, están interesados en mantener un dólar débil. Irán ha anunciado la apertura de un mercado de petróleo con transacciones en dólares, aumentando la incertidumbre del dólar y su posición de moneda de pago universal.

Las especulaciones con el dólar tampoco pueden pasar inadvertidas, muchos inversionistas están comprando yenes y yuanes porque piensan que se apreciarán en el futuro. Japón, el mayor propietario de deuda estadounidense, vendió US$18,200 millones en marzo pasado.

El Ministro de Finanzas ruso anunció, el 23 de abril, otra noticia desalentadora para el billete verde, manifestando en una reunión del FMI que no consideran más al dólar una moneda confiable, debido a su inestabilidad. Los datos oficiales de Rusia que poseen unas reservas de más de 200,000 millones de dólares y un 70 por ciento están en esa moneda, 25 por ciento en euros y el resto en otras como libras esterlinas, yenes y yuanes.

Por otra parte, también otros países exportadores de petróleo están dirigiendo su mirada al Viejo Continente para realizar inversiones, lo que significaría cambiar grandes cantidades a euros. Siria ha venido modificando desde hace dos años su estructura de tenencia de reservas por euros. El Banco Central de los Emiratos Árabes Unidos anunció convertir en euros, 10 por ciento de sus reservas en dólares y lo mismo hace Qatar. También un país latinoamericano, Venezuela, busca monedas menos riesgosas como euros y yuanes chinos.

También Finlandia se deshace de dólares por euros y Suecia ha disminuido sus reservas en dólares a sólo el 20 por ciento, subiendo al 50 por ciento de las acumuladas en euros. El declive del dólar ha hecho que el Banco Central chino alerte el eventual riesgo que corren sus gigantescas reservas que están en dólares. El Banco Asiático de Desarrollo, donde participan capitales de más de 64 naciones, ha recomendado mucho sigilo y preparación ante un posible colapso del dólar.

Una salida en masa de capitales podría traer una recesión en Estados Unidos que afectaría, además, a la economía mundial. Algunos expertos creen que esa estampida no será lo suficientemente grande como para inquietarse. Hay liquidez internacional por los precios del petróleo y el repunte de las materias primas. Washington cuelga del dinero foráneo, tanto institucional como privado para financiar sus deudas. Estados Unidos no puede financiar su propia inversión.

La Casa Blanca ha recurrido al mecanismo de imprimir dólares para saldar las deudas de los que les venden. Desde que se abandonó el patrón oro, la credibilidad en el dólar depende del péndulo de la confianza que se le conceda, y es evidente que desde hace rato no está respaldado por la economía del país emisor.

El índice M3 que permite a los banqueros determinar la cantidad de dólares en circulación, se ha convertido en un enigma, pues la Fed suspendió la publicación del índice y otros subíndices que permitían calcularla, desde marzo del 2006. Sino se puede cuantificar la cantidad de dólares en circulación, se hace imposible evaluar con exactitud su valor.

El estigma de los estadounidenses de ser grandes consumidores se ha mantenido, pero éste no ha contribuido al aumento de la producción ni de la productividad. Lo que ha ocurrido, es un repunte de las importaciones desde Asia a menores costos. Muchas de esas ventas son hechas por China y Japón, quienes invierten una suma importante en bonos del Tesoro (son acreedores de EE.UU.), buena parte de la factura no se recibe en dinero constante. Los gobiernos asiáticos y las monarquías del Golfo son las que costean cada vez más el creciente consumo de los estadounidenses.

La economía de guerra absorberá cerca del 18 por ciento del presupuesto de la nación estadounidense para el 2006, (la educación consume sólo el 2.7 por ciento y salud 2.63 por ciento del presupuesto). A esto hay que adherirle, la solicitud adicional de US$120,000 millones para el año fiscal 2006, muchos de ellos para operaciones militares en Irak y Afganistán. Apostar en la disyuntiva —entre fusiles y mantequilla—, por los fusiles; ha tenido un impacto interno que ha hecho reducir estrepitosamente la popularidad de Bush, la inconformidad de la gente está llegando a su límite. No se puede olvidar que las guerras se pagan con impuestos de los contribuyentes (en este caso de los más pobres), pero desgraciadamente, también con vidas humanas. Para la población el costo de oportunidad ha resultado muy elevado.

¿A quién no le interesa lo que sucede o pueda suceder con el dólar? La mayor parte de nuestras exportaciones se realizan en dólares, las remesas que llegan también. En Nicaragua más del 70 por ciento de los depósitos se encuentran en dólares, (dolarización informal). A los consumidores les cobran en dólares y la mayoría ganan salarios en córdobas. Lo que usted haría estimado lector, dependerá de la confianza que tenga en la economía estadounidense y su moneda, de cómo dilucida su disyuntiva y, qué costo de oportunidad decida tomar. Para algunos, sólo estamos frente a un ciclo más del dólar. Entre 1985 y 1987 el dólar cayó en un 40 por ciento y no causó pánico, ni bancarrotas a granel, tampoco exigió compensaciones significativas por mantener activos en una moneda que se despeña.

Hasta los multimillonarios Bill Gates y George Soros, han expresado que han perdido la confianza en el billete verde y se disponen a reestructurar su riqueza en compras masivas de oro y plata. En estos metales se han refugiado muchos inversionistas ante la incertidumbre de la guerra, una eventual inflación, las tensiones políticas y la volatilidad de los precios del petróleo.

Mientras tanto, para el dólar las perspectivas no son halagadoras en el mediano plazo. A lo mejor es hora de que los que tengan alguna capacidad de ahorro, se pongan alerta y comiencen a pensar en diversificar sus ahorros o se refugien en el oro y la plata. Otros sin mucha capacidad de ahorro (sin córdobas y sin dólares), les tendrá sin cuidado lo que ocurra con el billete verde. Pero esto ya son detalles.

El autor es profesor de Economía. Escuela de Economía

UNAN- Rucfa.

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