Más que un concepto, lo que conservo en mi memoria es una imagen. Aún puedo ver a Diego Maradona avanzando entre mediocampistas y defensores ingleses, que van cayendo como soldados heridos en una batalla, hasta quedar solitario frente a Peter Shilton y el arco, en el abarrotado Estadio Azteca.
El rebote de la pelota es alto. Más allá del 1.66 metro de Maradona. No podrá cabecearla. Es ahí cuando aparece su mano izquierda, casi imperceptible en aquel momento, o imperceptible totalmente, al ser tapada por la emoción que nos embriagó en el instante.
Esa es la imagen que más he conservado y que me ha permitido admirar a Diego, más allá de su vida compleja, plagada de excesos y confusiones. Y estuve entre quienes aplaudieron a los muchachos de Carlos Salvador Billardo, cuando superaron a Alemania en la gran final de 1986.
Pero casi sin explicármelo, me sentí luego atraído por el “jogo bonito” de los brasileños, aunque para aquellos días, los fracasos se sucedían uno tras otro, pese a Zico, Sócrates, Junior, Eder y otros astros.
En el 2002 disfrutamos la coronación en el torneo de Corea-Japón y la esperanza es que en Alemania se repita la historia, con un sexto título, que luce al alcance de un club sin fisuras.
¿Usted con quién va?.. Una buena cantidad de nicas van con Brasil. Así lo indica un estadio de M&R Consultores, en el que se asegura que el 73 por ciento de los nicas va a Brasil.
Es curioso, pero en la encuesta Argentina no está entre los equipos favoritos de los nicas, quienes le van: a Brasil, 73 por ciento; ninguno, 8.5 por ciento; Alemania, 7.7 por ciento; otros, 6.7 por ciento y EE.UU. 3.0 por ciento.
No creo eso que tenga que ver con Maradona, aún cuando nos hizo oscilar entre el afecto y el desencanto. Tiene que ver, pienso, con la pujanza, vistosidad y eficacia de este Brasil de Ronaldinho y Ronaldo.