- Rossy López enseña a niños con quemaduras a pintar para calmar su dolor
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A sus 73 años, las líneas del tiempo han marcado su rostro, no así su espíritu, talento y carácter humanitario. Rossi López es escultora, ceramista y pintora. Desde hace un año con su talento lleva alivio a los niños quemados atendidos en el Hospital Metropolitano Vivian Pellas, coordina y enseña las técnicas de la cerámica en el taller de arte del hospital.
La encontramos sentada en un banquito junto a un mesón pero no crean que es la típica abuelita cuidando a los nietos o la señora que está disfrutando de su jubilación; es una mujer activa que a diario disfruta de moldear la arcilla, pintar un cuadro o trabajar el mosaico italiano.
Confiesa que siempre le ha gustado enseñar sus técnicas artístiscas, principalmente a los niños. Sin embargo, la experiencia de trabajar con los niños quemados ha llenado su vida, tanto a nivel profesional como personal.
La idea de dar terapia de arte a niños con quemaduras surgió cuando la señora Vivian Pellas, a partir de una experiencia en Chile, le propuso ser parte del taller de arte del hospital. Me siento bien por aportar con lo poco que sé, es una alegría muy grande cuando los niños llegan a las clases y al terminar un trabajo se llenan de sonrisas, es algo que llena el alma, porque son niños que cargan mucho dolor, llegan con sus caritas tristes y salen felices, expresa llena de satisfacción.
Rossi comparte dos veces por semana con los niños que, como ella misma dice, necesitan amor y dedicación, que les ayuden a aminorar el dolor que padecen . Uno se siente parte de ellos y ver que ellos van a recuperar un poco la esperanza que han perdido como niños, es algo que no se puede expresar, afirma.
Asegura que el dolor que a diario se ve es impresionante pero uno de los casos que más la ha impactado es el de una niña que se quemó por salvar a su hermano y ella fue quien sufrió más las quemaduras pero, gracias a Dios, se ha recuperado muchísimo.
Un poco más de Rossi
Rossi López estudió en la Escuela de Bellas Artes, pese a la oposición de su padre. En la escuela conoció a su primer esposo, un diseñador de origen australiano con quien tuvo una hija pero al poco tiempo enviudó. En 1959, Rossi tuvo que ir al exilio por participar en la organización de una manifestación contra la masacre estudiantil que hubo en León.
Una vez en Estados Unidos, en lugar de quedarse ahí, decidió irse a Cuba para saber qué era una revolución. Su papá se quedó con su pequeña hija. Su segundo hijo nació en Cuba pero tampoco lo disfrutó tanto como hubiera deseado porque la mayor parte del tiempo la pasó en colegios internados y sólo los fines de semana estaba con él.
No tengo ningún tipo de remordimiento porque el tiempo que no pasé con ellos lo pasé con otros niños que lo necesitaban mucho. Con mi hija he hecho una buena relación, expresa.