La misa de Pentecostés fue celebrada al aire libre en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. (la prensa/ap/pier paolo cito)

Benedicto XVI ataca “orgullo y egoísmo” humano

Papa da el mensaje en la misa de Pentecostés Benedicto XVI celebró el domingo ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro del Vaticano la misa de Pentecostés, durante la que rechazó “el orgullo y el egoísmo” que levantan “muros de indiferencia, odio y violencia”. El pontífice hizo estas consideraciones durante la homilía […]

  • Papa da el mensaje en la misa de Pentecostés

Benedicto XVI celebró el domingo ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro del Vaticano la misa de Pentecostés, durante la que rechazó “el orgullo y el egoísmo” que levantan “muros de indiferencia, odio y violencia”.

El pontífice hizo estas consideraciones durante la homilía de la ceremonia celebrada ante unas cincuenta mil personas, en buena parte seglares de movimientos eclesiales que el sábado asistieron a un multitudinario encuentro mundial en el Vaticano.

Benedicto XVI recordó que la festividad de Pentecostés representa para los católicos el momento en que el Espíritu Santo “muestra que su presencia une y transforma la confusión en comunión”.

“El orgullo y el egoísmo del hombre siempre crean divisiones, alzan muros de indiferencia, odio y violencia”, advirtió, tras indicar que los hombres, en los tiempos de la torre de Babel, “intentaron construir con sus manos una vía hacia el cielo y acabaron por destruir su capacidad de comprenderse mutuamente”.

También hizo hincapié en que “la Iglesia es católica y misionera desde su nacimiento” e instó a las comunidades cristianas a colaborar para llevar a cabo esa misión, que “no es sólo programación y organización”, sino “el don del Espíritu Santo”, dijo.

Salió por la gran puerta de bronce

El carácter solemne de la ceremonia, que se prolongó durante cerca de dos horas, estuvo subrayado por el hecho de que Benedicto XVI salió por la gran puerta de bronce de la Basílica de San Pedro en procesión con los cardenales para llegar al altar, algo que no había hecho con anterioridad.

Al término de la misa, Joseph Ratzinger presidió el tradicional rezo dominical del Regina Coeli —que en este período litúrgico sustituye al Angelus—, y volvió a recalcar los orígenes y la misión de la Iglesia.

“Como le gustaba decir al Papa Juan Pablo II, toda la Iglesia es un único gran movimiento animado por el Espíritu Santo”, dijo.

El pontífice también mostró su “alegría” por el encuentro de ayer con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, que reunió en el Vaticano a unos 350,000 fieles de más de un centenar de grupos, entre ellos Comunión y Liberación, los Neocatecumenales, Focolares y Regnum Christi (seglares de Legionarios de Cristo).

Después hizo los habituales saludos en distintos idiomas, y en polaco recordó el viaje que hizo hace una semana al país natal de Karol Wojtyla y agradeció a los polacos “el vigoroso testimonio” de su fe.

Llamó a difundir mensaje católico en el mundo

Ante una multitud de 350,000 personas reunidas el sábado en la noche en la Plaza San Pedro, el Papa Benedicto XVI había hecho un llamado a alentar la fe y los esfuerzos para difundir el mensaje de la Iglesia católica a través del mundo.

El sumo pontífice dijo a los creyentes que se habían reunido “para proclamar la dicha de creer en Jesucristo y renovar el compromiso de ser discípulos fieles a Él en nuestros días”.

“Quien ha conocido algo verdadero, hermoso y bueno en la vida debería correr a compartirlo con todo el mundo a su alrededor, en la familia y el trabajo, en todos los lugares de su existencia”, agregó.

El Vaticano intenta inyectar energía a sus seguidores, en momentos en que la Iglesia católica enfrenta competencia desde la más dinámica Iglesia evangélica protestante, especialmente en África y América Latina.

Jóvenes y algunos grupos familiares comenzaron a llegar a la Plaza San Pedro desde primeras horas del sábado. Algunos tocaron guitarras y entonaron cánticos durante las horas de espera a la aparición papal.

Para cuando comenzó el encuentro la multitud llenaba la inmensa plaza y las calles estrechas del bulevar que conduce al río Tíber.

Portando una capa carmesí en una noche de brisa fría, Benedicto XVI saludó a la feligresía desde el papamóvil mientras se dirigía al interior de la Basílica de San Pedro al iniciar el evento, en el que participaron más de cien grupos religiosos.

Entre ellos estaban Comunión y Liberación, que tiene muchos seguidores entre los católicos italianos e incluso influencia política.

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