Lo bailado nadie me lo quita
I
Ahora todos se sienten
con derechos a inquirir.
Mis amigos más indiscretos
que otras veces, se acercan,
me interrogan, formulan
sin nobleza preguntas baladíes.
¿De quién nos hablas?
¿Cómo se llama, han sido tantas,
es una sola o son muchas las agraciadas?
Dinos sus nombres.
En qué lugar y en dónde las conociste.
Lo hace con arrebatos
y curiosidad de niños ociosos.
Si les confieso la verdad
no me lo creerían, dirían que soy un falso.
Sus nombres al menos para mí
carecen de importancia.
II
Viví bajo sus sombras y durante largos ratos
una felicidad infinita, tan dulce y almibarada
que todavía no me abandona. Persiste.
Evoco cuando me lo propongo,
con largueza y a mi gusto,
como en un registro cinematográfico,
su talento y su talante, la dimensión
y el volumen de sus cuerpos,
su frugalidad, me asomo
a disfrutar cada uno de los momentos
inolvidables que viví a su lado.
A todas ellas las encontré
en los lugares y momentos menos esperados.
De lo único que estoy convencido
es que cada una sabe identificar
con una precisión milimétrica
cuál de los poemas
es el que les corresponde a ellas.
Con esto sobre y basta.
Lo demás sería faltar
a las reglas de la caballerosidad.