A Javier García Romano
El Señor es mi pastor, nada me falta,
en verdes pastos él me hace reposar
y adonde brota agua fresca me conduce.
Salmo 23
Hoy es el día hace un año,
en que te fuiste a ese lugar,
donde no hace falta puerta
que tocar para encontrarte.
Ese lugar de verdes pastos,
al que no hay que llegar
con las manos llenas
de las mismas flores
que ponemos en tu tumba.
No por ser hoy vienes hacia nosotros.
Tu presencia a diario nos habita.
No en la inmóvil figura de tus retratos,
sino en la alegría fija que nos construiste.
Alegría que nos hace recordarte y nos mata de nostalgia.
Al fin y al cabo,
somos en lo que somos, parte y mucho
de lo bueno que para nosotros siempre quisiste.
Los que te tuvimos cerca todavía sentimos
el calor de tu mirada. Esa que ahora vive
en el firmamento y en nuestro corazón.
Aquellos que apenas
te conocieron, tendrán la imagen
de lo que en verdad fuiste: un hombre de bien.
Pero los que gozamos de tu fresca sombra,
por tus hechos, aseguramos
que tu calidad humana fue tal
y tan hermosa, al punto que tu aliento de vida,
todavía en nosotros permanece.
Tus manos caricias se volvieron.
Tu voz aliento se volvió.
Nosotros, los que te conocimos,
supimos del agua clara y limpia
que fue tu vida.
Javier
a la distancia de un año te queremos.