- Las votaciones del domingo reconfiguraron el mapa político de ese país, desplomaron el bipartidismo, fortalecieron a la izquierda democrática como nunca antes, y plantearon nuevos retos para Álvaro Uribe, que con una política de “mano dura” fue reelegido abrumadoramente. En los próximos cuatro años se espera que establezca un diálogo con la guerrilla
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Corresponsal/Bogotá
Sin tregua. Una vez que estuvo seguro que había arrasado en los comicios con el 62.2 por ciento de los votos, muy por encima de los augurios de las encuestas, y que se transformaba así en el primer mandatario colombiano reelecto, en más de un siglo, Álvaro Uribe, sonriente y feliz, tomó el micrófono y comenzó su segundo gobierno.
En medio de reiterados vítores de unos mil seguidores que se congregaron en un céntrico hotel de Bogotá, en el que había un telón rojo de fondo, el mandatario reelecto respondió a las ovaciones con sus mejores gestos triunfalistas: la mano alzada y la sonrisa hasta las lágrimas. Esa noche Uribe pronunció un discurso de 40 minutos, en el que trazó algunas de las premisas que caracterizarán sus próximos cuatros años de gobierno.
Uribe, que en estas votaciones se superó con 7.3 millones de votos con respecto a su primera elección, pues capturó cerca de un millón y medio más de votos de los logrados en el 2002, dijo que quería gobernar una nación pluralista.
En los comicios del domingo, el mandatario Uribe no fue el único ganador. Diversos analistas también consideran que otro ganador de la contienda fue Polo Alternativo Democrático, PDA, partido de centro izquierda, que encabezado por el senador Carlos Gaviria, un abogado de 69 años, consiguió el 22 por ciento de los votos, cerca de 2.4 millones de votos, un récord histórico para un partido de izquierda colombiano que nunca antes había capturado más del ocho por ciento del electorado.
Con la euforia de un triunfador, Carlos Gaviria, maestro universitario de generaciones, ex profesor de Álvaro Uribe, que durante su campaña enarboló la bandera de la democracia como un sistema incluyente, agradeció a sus seguidores, y dijo que el Polo salía fortalecido de estas elecciones y se comprometió a consolidar este proyecto político. Los analistas políticos vaticinan que el Polo podría ser una alternativa de poder en Colombia para las elecciones del 2010.
Como magistrado de la Corte Constitucional en los años noventa, Gaviria contribuyó a lograr fallos a favor de la dosis personal de droga y los derechos de los homosexuales.
Rodolfo Arango, columnista del semanario El Espectador, dijo que no obstante el Polo deberá “vencer varios retos”, entre ellos lograr la suficiente madurez entre su dirigencia para consolidar el proyecto y construir alianzas y coaliciones con movimientos políticos independientes y anticlientelistas.
Otro desafío para el Polo, según Pedro Santana, director de la ONG, Viva la Ciudadanía, será consolidar las propuestas sociales que harán contrapeso al Estado “antisocial”, que según Santana promueve el actual gobernante.
Aunque las cifras de crecimiento macroeconómico arrojan un 5.2, durante el último período, y se habla de un incremento en la inversión social del 37 por ciento, Santana, basado en estudios académicos que los índices de pobreza se mantienen en un 50 por ciento de la población. Señala que fenómenos como el desplazamiento, que afecta a tres millones de colombianos que han abandonado sus comunidades por causa del conflicto armado, es un problema creciente.
Fin del bipartidismo
Mientras el gobernante reelecto culminaba su domingo intenso con una fiesta en el barrio colonial, La Candelaria, ubicado a un costado del Palacio Presidencial, la dirigencia del tradicional Partido Liberal permanecía encerrada evaluando el desplome del liberalismo, que ya se presentía, y se evidenció en los resultados, de menos del 12 por ciento en el electorado.
La caída estrepitosa del Partido Liberal fue una de las sorpresas de los comicios.
El candidato perdedor del liberalismo, Horacio Serpa, quien por tercera vez fue derrotado en unos comicios presidenciales, dijo en su intervención el domingo, después de conocer los resultados, que Uribe “venció, pero no convenció”. De inmediato, los conductores de los medios locales, que a lo largo de la campaña y de los cuatro años de gobierno han sido constantes en su espaldarazo al mandatario, rescataron la frase y comentaron que quien no convenció al electorado fue el candidato liberal, cuyos resultados estuvieron muy por debajo de los de la izquierda, y mucho más aún de los alcanzados por el mandatario.
El descalabro del Partido Liberal y la adhesión desde antes del Partido Conservador a las políticas de Uribe, han planteado el fin del bipartidismo en Colombia y han originado un nuevo mapa político que lidera el movimiento Primero Colombia y la coalición de movimientos que encabeza el gobernante, seguido por la izquierda, que está consolidada a través de figuras como Carlos Gaviria o el Alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón.
El jefe del Partido Liberal, César Gaviria, ex presidente y ex secretario general de la OEA, anunció esta semana que el liberalismo no se plegará a las políticas del gobernante, sino que hará oposición cuando lo considere necesario. Aunque algunos sectores del liberalismo, entre ellos el ex presidente Ernesto Samper, han pedido sumarse al presidente y reconocerlo como el nuevo líder del liberalismo.
Gaviria también aseguró que este partido pretende recuperar fuerzas en las elecciones de alcaldes y gobiernos locales a celebrarse en el 2007.
La paz, un tema pendiente
A pesar de la histórica victoria que reeligió a Uribe, cabe recordar que una vez más la mayoría de los colombianos no participó en los comicios. De 26 millones aptos para votar sólo el 45 por ciento de los electores ejerció su derecho. Consciente de eso, el gobernante reelegido dijo que haría un segundo gobierno para los más de 40 millones de colombianos.
El primer cuatrienio de Uribe se caracterizó por su política de “mano dura” que bajo el nombre de Seguridad Democrática se palpa en una mejor circulación de los ciudadanos por el país.
Esta política ha logrado neutralizar el accionar de los actores del conflicto armado que desde hace 40 años aqueja a este país suramericano.
En estos últimos cuatro años, el gobierno bajo la observación de la OEA, ha conseguido la desmovilización de unos 30,000 hombres de los grupos paramilitares, que representa al 95 por ciento de los miembros de este grupo armado. Los paramilitares, a los que históricamente se ha ligado al mandatario, son los enemigos inherentes de la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).
Tanto las FARC como el gobierno han adoptados posturas duras o renuentes a una negociación abierta.
Durante estos cuatro años, mientras el gobierno de derecha de Uribe ha sido visto como un aliado incondicional —el más importante en América Latina, según analistas— de las políticas de Washington (que inyecta fondos a través del Plan Colombia para la erradicación de cultivos ilícitos, coca y amapola), las FARC han mantenido un repliegue táctico en las selvas colombianas, desde donde se disputa con los paramilitares el lucrativo negocio del narcotráfico.
El analista Alfredo Rangel, que dirige la fundación Seguridad y Democracia, considera que en un segundo mandato el presidente Uribe abrirá un diálogo con los diferentes grupos guerrilleros. En ese sentido, se avanzará en las negociaciones preliminares con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), que han comenzado en La Habana, Cuba, con la mediación del gobierno de Fidel Castro.
En las semanas previas a las elecciones, el presidente que —durante toda la campaña se negó a participar en debates en los medios con los otros candidatos— anunció en distintas ocasiones la intención de abrir este diálogo con las FARC, y solicitó la mediación de gobiernos europeos, sobre todo de Francia, que ha seguido de cerca el proceso armado colombiano.
Rangel cree que seguramente durante este cuatrienio se profundizará en esa oferta. Al respecto, el primer tema en la agenda de acercamiento sería el establecimiento de un acuerdo humanitario para liberar a los secuestrados por la guerrilla, muchos de los cuales llevan más de ocho años alejados de sus familias.
La guerrilla, que en esta semana ha solicitado la mediación del presidente venezolano Hugo Chávez, negociaría un “canje” de civiles por guerrilleros.
Chávez, quien se ha convertido en el personaje de la región y en el eje de la campaña electoral en Perú, y que dio su espaldarazo al gobierno de Uribe días antes de las elecciones, se ha ofrecido a propiciar un diálogo con las FARC y el mandatario colombiano.
A pesar de las diferencias, y de la salida oficial de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones, CAN, Colombia mantiene amplias relaciones comerciales con su vecino. Y prueba de eso es que durante el último año, las exportaciones colombianas hacia el país bolivariano aumentaron en un 10 por ciento, y a pesar de la verborrea desafiante de Chávez contra Estados Unidos y sus aliados en la región, ha mantenido un lenguaje respetuoso y hasta amistoso con Uribe, con el que a veces se reúne para hablar de … caballos.