Se piensa que por tener muchos pinos, un país es forestal. Pero en la actualidad es mas importante y de mayor valor, el tener madera preciosas y en esto Nicaragua es el país líder. Aún con pinos y madera preciosa, Nicaragua nunca ha sido considerada (por nosotros mismos) como un país forestal, permitiendo destruir uno de los recursos más apreciados y dejando ir la oportunidad de desarrollar una industria de la madera que pudiera ocupar un importante lugar en las exportaciones, el empleo y el Producto Interno Bruto (PIB).
Por muchas razones no hemos adquirido una mentalidad forestal que Honduras y otros países poseen y han ejecutado por mucho tiempo. Una política forestal significa un buen uso y desarrollo del bosque; donde existe una tala y resiembra apropiada que permita una constante renovación. Esto permite mantener el país verde sin afectar el ecosistema; e incrementar las áreas verdes a como sucede en cualquier sociedad civilizada.
La mentalidad en Nicaragua hasta la fecha es otorgar permisos de tala; es decir, alguien recibe un permiso para talar o cortar miles de manzanas y se retira dejando desolación y destrucción. Por más que se pretende otorgar permisos ordenados respetando la edad y tamaño del árbol, lo que se consigue es la disminución acelerada de nuestros bosques, de nuestro hábitat, facilitando el camino hacia el desierto, sin árboles y sin agua.
Con esta mentalidad y legislación dirigida solamente hacia el corte, Nicaragua va por mal camino. Se conoce de las políticas o Leyes Forestales exitosas de Chile y otros países asiáticos y europeos; donde el bosque o la industria de la madera está orientada al largo plazo, donde el propietario y concesionario de extensiones de terrenos (otorgadas por el estado o regiones autónomas) está obligado a proteger el país, orientando el negocio a la necesidad de una reforestación continua y una tala inteligente.
Una buena política forestal es la que permite ver el bosque con mentalidad de largo plazo, renovable, que exige mantener y conservar una población mínima de bosque para asegurar el ecosistema; y asimismo talar solamente el árbol que esté listo y cumpla con los estándares establecidos.
Por la ausencia de esta mentalidad es escasa la existencia de personas dispuestas a tomar riesgos en la inversión de la madera, pero una legislación moderna abre las oportunidades a recibir empresas que tiene el conocimiento y con seguridad alentará a los nacionales. Asumiendo que el instituto o ente regulador asuma con eficiencia su papel de supervisar la renovación y tala continua.
El autor es segundo vicepresidente Amcham.