- Muchas mujeres deben trabajar este día
CORRESPONSAL / MATAGALPA
Este 30 de mayo, Día de la Madre nicaragüense, en muchos centros de estudios se realizan diferentes actos y veladas alusivos a esta fecha, donde los regalos ofrecidos por los estudiantes a sus progenitoras ocuparon el primer lugar, mientras que las instituciones tanto privadas como estatales y algunas agrupaciones políticas, realizaron otras actividades con el objetivo de celebrarle este día a sus mamás.
A las madres que laboran en las instituciones estatales, tales como Poder Judicial, alcaldías, delegaciones del Gobierno e instituciones privadas, les han cedido mediodía de asueto para que celebren su día junto a sus seres queridos.
Sin embargo, algunas hay muchas otras mujeres, madres solteras y otras viudas, que se dedican a trabajar este día porque deben hacerle frente a las necesidades diarias de sus hijos.
En San Dionisio, muchas de estas mujeres no trabajan dentro de una oficina con aire acondicionado, ni mucho menos saboreando una taza de café en un receso determinado o comentando lo bueno o malo de la fiesta del día anterior, sino en las calles, donde deben batallar por vender un servicio o un producto.
Carretilla en mano
Esperanza Jarquín Raudez, de 47 años, con dos hijos, y Rita Julia Cruz Escobar, con 65 años, viuda y madre de ocho hijos, iniciaron el día con una carretilla de mano, una escoba y una pala, para realizar la limpieza en las calles del municipio de San Dionisio.
Jarquín Raudez tiene tres años de laborar para la Alcaldía de esta localidad, mientras que Cruz Escobar lleva ya dos años trabajando para esta misma dependencia y devengando un salario de 830 córdobas mensuales.
Para otras, como María Jesús Castro Sotelo, habitante del barrio Carlos Fonseca Amador, el Día de la Madre lo celebrará en forma rutinaria: recorriendo ciertos sectores de la ciudad, pregonando de casa en casa: “Va a lustrar, va a lustrar”, grito que desde temprano por la mañana se escucha por las calles de San Dionisio desde hace unos tres meses.
“Antes cuidaba a la casa de mi hermano, pero un día de tanto me dijo que ya no podía pagarme y que buscara qué hacer y, a mis 54 años, decidí coger esta caja de lustrar. Donde me mira, me gano entre 20 y 30 córdobas diarios, para la comida”, manifiesta.
Vendiendo melcochas
Al momento de preguntarle por qué lustraba, ella limpiaba los zapatos de Hermelinda Zeledón García, una joven madre de 24 años, con un marido en el desempleo y con dos hijos menores a quienes alimentar.
“Yo le vendo estas melcochas a mi suegra y ella me da el 40 por ciento sobre lo vendido. Hay días que tengo que regresar con toda la bandeja sin haber vendido nada”, expresa Zeledón García.