La gran aventura empezó ayer para la selección de Italia, que se congregó en el centro técnico federal de Coverciano para iniciar la última fase de su preparación para el Mundial de Alemania 2006.
En la calma de ese cómodo lugar, oculto entre los bosques a 10 km del centro histórico de Florencia, el seleccionador Marcello Lippi reunió a los 23 jugadores y a cuatro suplentes.
Esa expedición no inicia sin embargo del mejor modo para la “Squadra Azzurra”, minada por el escándalo de corrupción que sacude al “Calcio” desde hace dos semanas y que salpica incluso al seleccionador.
Un clima de sospecha generalizada rodea a Lippi, investigado por su amistad con el director general de la Juventus, Luciano Moggi, y con el administrador delegado Antonio Giraudo, principales sospechosos en ese caso de partidos amañados y corrupción a gran escala en el futbol italiano.
Para colmo, el portero de la “Juve”, Gianluigi Buffon, podría estar implicado en un caso de apuestas ilegales y el defensa Fabio Cannavaro en un asunto de ingresos no declarados.
Para poner fin a todas las insinuaciones y permitir que todo el grupo conserve un mínimo de serenidad, el nuevo comisario de la Federación Italiana, Guido Rossi, que sustituye al dimitido Carraro, reiteró su confianza en el seleccionador, garantizándole apoyo.
Italia no parece en cualquier caso, mal preparada para hacer un buen papel en el Mundial próximo.