Oxígeno por favor

El Hotel Monasterio, en Cusco, encontró el remedio al “mal de altura” Visitar la ciudadela inca de Machu Picchu desde la ciudad peruana de Cusco es una de las experiencias de turismo arqueológico más bellas de América Latina. Pero como todo lo bueno tiene un costo, muchos turistas se ven afectados por el “mal de […]

  • El Hotel Monasterio, en Cusco, encontró el remedio al “mal de altura”

Visitar la ciudadela inca de Machu Picchu desde la ciudad peruana de Cusco es una de las experiencias de turismo arqueológico más bellas de América Latina. Pero como todo lo bueno tiene un costo, muchos turistas se ven afectados por el “mal de altura” durante el primer día de estadía.

Y es que llegar desde un lugar cercano al nivel del mar a una ciudad que está a la poco común altura de los 3,400 metros y donde hay un 30 por ciento menos de oxígeno no es fácil. La principal consecuencia es el “soroche”, como se conoce localmente a los síntomas provocados por el cambio de presión: dolor de cabeza, náuseas, insomnio, pérdida de apetito y dificultad para respirar.

Un problema que hace pensar dos veces a los extranjeros antes de visitar la ciudad. O de elegir su hotel… Así, pensando en paliativos más eficientes que las infusiones de hoja de coca o la asistencia médica, el Hotel Monasterio, ubicado en el centro de la ciudad, decidió atacar al soroche con un método lógico pero original: poniendo más oxígeno a las habitaciones.

La decisión no fue trivial. La empresa optó por seguir las recomendaciones del Instituto Escocés Vascular, Pulmonar y de Medicina Respiratoria. El objetivo fue elevar en tres por ciento el nivel de oxígeno para poder simular la altura de la habitación a 2,400 metros, pues a ese nivel el cuerpo no siente los efectos de la altura.

“Nadie acepta sin dificultad pasar del nivel del mar a los 3,400 metros”, explica Laurent Carrasset, gerente general de Orient-Express Hotels Perú (OEH Perú), empresa dueña del Hotel Monasterio del Cusco. La firma invirtió en el 2001 la cantidad de 342,000 dólares en la construcción de una planta y tuberías para inyectar oxígeno en 86 de las 126 habitaciones, lo que tiene un costo de 25 dólares diarios.

Una inversión baja, tomando en cuenta que en mayo de 1999, cuando Orient-Express Hotels, Trains & Cruises se asoció con la peruana Peruval, OEH Perú inició la primera remodelación del hotel invirtiendo 8 millones de dólares.

Un ejemplo de cómo la modernidad cabe en un inmueble que fue el palacio del Inca Amaru Qhala, fue refundado como el Seminario de San Antonio de Abad, en 1598, y que se transformó en hotel en 1965.

Como resultado, el Hotel Monasterio ha aumentado su índice de ocupación y, lo más importante, ha captado a turistas del segmento adulto-mayor que antes no viajaba a Cusco por temor al mal de altura. “Ahora tenemos huéspedes de hasta 85 años”, dice Carresset. En el 2003, el establecimiento obtuvo el premio al mejor servicio del mundo del Leading Hotels of the World, siendo elegido de entre 500 hoteles asociados. “Por su parte, Travel & Leisure Magazine dice que somos el número uno en Perú y Sudamérica”, resalta el gerente general.

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