maniobra de deportación
Martín Saucedo es un inmigrante ilegal mexicano al que le gustaría participar en un programa de trabajadores temporales (TPS por sus siglas en inglés). Pero teme que las propuestas que contemplan la regularización del estatus migratorio de los indocumentados sea tan solo una maniobra para deportarlos.
No es una buena idea. Existe la posibilidad de regresar al país, dijo Saucedo, quien trabaja para una compañía de jardinería.
Un proyecto del Senado contempla la concesión de 200 mil visas adicionales para trabajadores temporales. Esos trabajadores podrán solicitar un permiso de permanencia si el gobierno llega a la conclusión de que ningún estadounidense quiere hacer ese trabajo. Una vez caducado el permiso, los trabajadores deberán regresar a sus países.
INQUIETUD Y DESCONFIANZA
Hay mucha inquietud, declaró Kathleen Walker, vicepresidenta de la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración. Nadie considera al gobierno su amigo. Eso no es un incentivo para quienes han vivido escondidos durante años y no tienen nada que hacer en su país de origen.
Las reformas migratorias que estudia el Congreso han generado esperanzas en algunos e inquietud en otros inmigrantes, tanto legales como ilegales.
En los últimos tiempos ha habido un aumento en las solicitudes de residencia permanente legal y de ciudadanía.
María Robles, una mexicana de 55 años, dijo sentirse aliviada de que ya se haya aprobado su solicitud de residencia porque no sabe si se habría animado a hacer el pedido en el actual clima político.
Muchas veces el gobierno dice una cosa, pero al final de cuentas pueden terminar deportando a todos los inmigrantes, sostuvo Robles.
La mexicana, quien vive en Estados Unidos desde hace 12 años, opinó que el programa de trabajadores temporales no beneficiará a los inmigrantes legales porque muchos de ellos no querrán regresar a sus países cuando caduquen sus visas.
Mucha gente no sabe qué va a pasar, comentó Adam Chester, abogado del Servicio Legal y de Inmigración de Caridades Católicas, una organización que asesora a indocumentados.
La gente escucha hablar del tema. El presidente habla de inmigración, el Congreso habla de una legalización (de los indocumentados), pero la gente no sabe lo que ocurre ni lo que dice la ley, agregó.
Una abogada de inmigración de Dallas, Sarah Brown, dice que todos los días recibe gente que piensa que ya se aprobó una legislación.
Se asustan o se entusiasman. Tenemos que darles una especie de lección cívica, manifestó. Les digo que estén pendientes de las noticias, que lo que cuenta es que el presidente sancione una ley.
Eduardo Patiño, mexicano de 29 años que se encuentra legalmente en el país con un permiso de trabajo, dice que paga impuestos, mientras que su esposa, que es indocumentada, no puede conducir automóviles porque no tiene licencia. Indicó que no se meten en problemas y que tratan de ser ciudadanos ejemplares.
Pero teme que eso no sea suficiente y que los obliguen a regresar a México.
Tenemos hijos estadounidenses, dijo Patiño, quien vive en Chicago y visitaba familiares en Dallas. He hecho mi vida aquí. No puedo llevarlos a un país que no es el suyo.