Los amantes están pegados.
Se miran, se juntan,
sonríen porque son soberbias de dos cabezas,
círculos con ocho extremidades
que se buscan, que se tocan
y se quedan aletargados en espirales.
El mundo les queda chico,
está ahí, pequeñito, intrascendente
hasta que la noche se retira
y Zeus con el alba los separa.
Rayos matutinos para recordarles
que no son nada,
que todas las noches terminan,
que todos los días acaban.
Un solo rayo basta para quebrar todo su aliento.
Si una sombra
el soplo busca, el deseo se inflama y se abrazan.
Fuego anudando las entrañas
si un ocaso
el aliento se extingue.
Los amantes están separados,
se intuyen, se recuerdan empolvados/
para no reencontrarse más.