[/doap_box]
-
Notas Relacionadas > En el momento cuando Oscar De la Hoya daba la mejor de sus sonrisas para las niñas que se acercaron a verlo boxear en Las Vegas, el público, que asistió al Crowne Plaza de Managua anoche, estaba exultante. Las mujeres se subían sobre las sillas, a falta de bares que hicieran recordar las imágenes de Coyote Ugly, y más de una alzaba la mano y cerraba el puño para sellar la contundente derrota de Ricardo Mayorga.
Porque eso fue. Las mujeres nicaragüenses, en su mayoría, querían que perdiera Mayorga. La música que, como tambor de guerra, sonó durante toda la noche se enmudeció. Ya no se oía “ma-matador, ma-matador” como al inicio de la pelea cuando las 900 personas que estaban en el hotel capitalino vitoreaban cada uno a su ídolo, haciendo mayor énfasis en el nicaragüense.
Sí. Mayorga es un bocón, pero De la Hoya supo golpearle en el primer round y con un sorpresivo impacto mandarlo a la lona para enmudecer a su barra en el hotel y a los centenares de nicaragüenses que sacaron ayer sus televisores para ver la pelea como en los tiempos de Alexis Argüello, en la acera de su casa, animados por unos tragos y bajo un silencio apabullante que apretaba el estómago de todos.
El sexto round
En el sexto round Mayorga estaba noqueado tras una andanada de golpes y muchos quedaron mudos, mientras las mujeres alzaban sus copas y sus sonrisas para corresponder al nuevo campeón del Consejo Mundial de Boxeo de las 154 libras que ya para entonces estaba convertido y levantaba los brazos con esas sonrisas que son el delirio de las mujeres; todo lo opuesto a Mayorga, quien en Managua era criticado desde hace mucho tiempo por su pasado de violaciones y afrentas a las damas, sentimientos que se leían en mantas con mensajes como “Mayorga es campeón, pero de los violadores”, las cuales se podían ver en las calles desiertas, porque la mayoría de gente, o estaba en su casa o se fue al bar para ver la pelea.
Capital paralizada
Managua anoche se detuvo. En el barrio Cristo del Rosario de Managua, cinco casas consecutivas exhibían la pelea del nicaragüense, y un grupo de vecinos se agolpaba sobre los televisores para ver al “Golden Boy” y al “Matador” siendo “asesinado”.
Muy pocos supieron que ya para entonces un nica había defendido su cinturón. Luis Pérez, en otro Estado de Norteamérica, se había medido a un ruso que le hizo sudar y al final las tarjetas dieron la victoria al nicaragüense, con una base bien sólida en una caída que propinó a su rival. Eran las 9:04 minutos de la noche y la gente se sobrecogía con la primera alegría de la noche, pero el silencio de un demoledor sexto round en el combate de Mayorga aplacó cualquier ánimo, excepto el de las mujeres, porque esta victoria De la Hoya si algo tuvo fue eso: un sabor a mujer.