“El amor crece a través del amor”.
(Benedicto XVI)
¿No ha oído decir usted que el amor es una decisión? Es una virtud, una práctica, comprende varios aspectos; tal vez sería mejor o más exacto afirmar que significa una firme determinación por abrazar un estilo de vida. Es una decisión, sí, pero nada pasajera. Definitiva.
Los santos fueron auténticos especialistas en el amor, se especializaron en amar. Entre los discípulos y seguidores de Cristo, como especialistas del amor, sobresale su Santísima Madre y primera discípula, la siempre Virgen María, para quien amar constituía un apremio. Cuando ella se da cuenta que su prima, la anciana Isabel está embarazada “corrió apresuradamente” a atenderla y permaneció a su lado cerca de tres meses. Esa actitud de apremio o urgente necesidad hizo crecer progresivamente en amor a muchos grandes santos de la Iglesia, a punto de llegar a amar hasta el extremo de dar la vida por los demás, al estilo de Cristo. Pongamos como ejemplo el sublime testimonio del Padre Maximiliano Kolbe, quien profesaba un tierno amor filial a la Virgen, la Madre del Señor. El padre Kolbe a medida que amaba, crecía más en amor, amaba más, ya que “el amor crece a través del amor”, como afirma el actual Papa Benedicto XVI. Kolbe no concebía la mediocridad como cristiano en un verdadero devoto de María, cambiando su nombre de pila por el de Maximiliano, adoptado y aplicado como sinónimo de “Máximo”, ya que un cristiano mariano debe rendir el máximo en relación a la fe y el amor a Dios y al prójimo por amor a Dios, es decir, en caridad.
“La vida huye rápidamente. Ni un segundo regresará”, sostenía Maximiliano. Y exhortaba: “Esforcémonos por dar las mejores muestras posibles de amor” …Y terminó ofreciendo su vida a cambio de la vida de un condenado a muerte!