- “La democracia pende de hilos en América Latina” y en Nicaragua un triunfo electoral de Daniel Ortega sería desastroso, dice este veterano anticastrista. En esta entrevista recuerda la vieja amistad que existió entre su familia y Fidel Castro, la misma que se rompió cuando Montaner cayó preso en Cuba. Lo encerraron por protestar. Después se fugó y consiguió exiliarse con la ayuda de varios amigos.
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Fidel Castro estaba en calzoncillos en un hotel de La Habana y un chavalo flaco, de diez años, quería que le contara cómo había sido el asalto al cuartel Moncada. Era 1953 y el inquieto muchacho quería saber todo pero Castro no tenía tiempo. Estaba apurado. Esperaba a una dama.
Así que, ese día, Carlos Alberto Montaner no pudo conocer más del suceso histórico contado por el guerrillero que siempre el muchacho ligó a la suerte de su padre, el periodista Ernesto Montaner.
Castro y Montaner no sólo eran del mismo partido. Eran amigos, una condición que cualquiera consideraría suficiente para garantizar que las cosas marcharían bien después que Castro logró alcanzar el poder en 1959. Pero algo pasó. Opuesto al comunismo, Carlos Alberto terminó encarcelado en las afueras de La Habana, en la prisión de Piti Fajardo.
Su mamá, Manola, incluso habló con Castro pero no hubo respuesta. El muchacho se fugó y ella consiguió asilo en una embajada hasta que salieron al exterior.
“La fuga duró dos horas. Era 1961. Ya disparaban, no sé si al aire o a nosotros. Lo que sé es que los tiros sonaban y yo era muy flaco. Tenía miedo y debí ser uno de los hombres más veloces del mundo”, cuenta.
Montaner es ahora de los más duros críticos del castrismo en el exterior y reparte comentarios igual de duros a la izquierda latinoamericana de Hugo Chávez y Evo Morales porque Chile para él es un caso distinto. ¿Qué pasaría si ganara Daniel Ortega en Nicaragua? Él cree que sería lo peor para este país.
En esta entrevista con LA PRENSA describe su visión de América Latina, su pasado con Castro y critica a Chávez por intervenir en Nicaragua a riesgo de que lo califiquen de parcial porque sus opiniones cambian cuando a quien se critica es al Embajador de Estados Unidos. En ese caso, para él no hay intervención.
Usted dijo que Castro fue amigo de su familia pero ¿qué tan amigo era?
Se quedaba en mi casa. Incluso, cuando sale del ataque al Moncada en 1953 lo condenan a 15 años de cárcel pero 21 meses después, lo amnistían y está un tiempo en La Habana antes de irse a México. En esos días en La Habana se queda donde se esconde mi padre. Yo recuerdo haber visto a mi padre y encontrarme a Fidel en calzoncillos esperando a una señora que lo iba a visitar. Quería que me hiciera el cuento de Moncada y (él) estaba desesperado por sacarme de la habitación. Yo tenía 13 años.
¿No hubo reclamos de su familia a Castro cuando usted cayó preso?
Mi madre trató de ver a Fidel pero es implacable. Es un hombre que no conoce ningún tipo de lealtad personal. Su razón, su emoción es el Estado y lo interpreta como la necesidad de ejercer el poder y la autoridad con una dureza tremenda. Personas que fueron sus amigos íntimos los mandó a la cárcel.
¿Qué cosas pasó en el encierro?
Un día imborrable para mí fue la noche que me piden pena de muerte. Aquellos juicios eran una broma, te podían fusilar por cualquier cosa y esa noche fusilaron a un amigo mío.
Todos estaban absolutamente desechos. Yo era un muchacho. Tenía miedo de que me mataran. Escuchaba los gritos de mi amigo a quien iban a fusilar. La celda era grande porque era una vieja estructura colonial, un viejo cuartel. Había miles de presos en distintas cárceles y un grupo de estudiantes. La gente rezaba.
¿Qué siente por Fidel Castro? ¿Odio?
Un enorme rechazo. Es un hombre que le ha hecho mucho daño a Cuba durante mucho tiempo, que tiene todas las características que detesto en los seres humanos. Es autoritario, mentiroso, incapaz de rectificar. No cambia. Sigue siendo el mismo personaje que no aprende de sus errores y desaciertos.
Nunca hubiera podido ser amigo de una persona con esas características: es avasallador y todo se expresa en que gobierna con el miedo. Se ha sostenido en el poder durante 50 años por el terror.
Pasando a otro tema, ¿cuál es su opinión sobre el estado actual de América Latina?
Lo positivo es que en la mayor parte de los gobiernos hay cierto juego democrático. En este momento, con la excepción de Cuba y Venezuela, los gobiernos militares se han retirado del panorama. Pero la democracia en América Latina, salvo en el caso de Chile, Costa Rica, Uruguay, pende de hilos. No es un sistema que podemos asegurar que tiene rasgos de permanencia.
¿Qué opina sobre el avance que tiene la izquierda en América Latina, basado en los recientes triunfos electorales de Bolivia, más atrás Venezuela y Chile?
Hay dos izquierdas como se ha dicho. Una que juega dentro de las reglas democráticas, muy respetable y hay una izquierda que me gusta más que es la chilena, la izquierda de Ricardo Lagos y espero que de la señora Bachelet, absolutamente responsable, que cree en el mercado, en las inversiones internacionales, la globalización.
Chile debería ser el modelo de América Latina. Me parece la locura mayor de la izquierda buscar como modelo a Chávez, como hace el señor Daniel Ortega en Nicaragua. Si hay un régimen donde la izquierda ha tenido éxito en América Latina es Chile y es porque se sometió a una visión moderna del Estado.
¿Qué pasa con Ortega en este sentido?
Ortega es un hombre que se parece a Castro en que tiene una sicología calcaria, que no aprende y sigue en la década de los ochenta . Ahora con una falta de responsabilidad se ha afiliado con mucho entusiasmo a ese eje La Habana-Caracas-La Paz. Para desgracia de los nicaragüenses porque traería al país la crispación, el conflicto, el enfrentamiento inútil con los Estados Unidos, con sus vecinos centroamericanos.
¿Usted cree que sea posible en el contexto actual un triunfo de Ortega?
Hay que tener en cuenta la posibilidad de que vuelva al poder, no sabemos qué va ocurrir cuando entren 20 millones de dólares por debajo de la mesa procedentes de los petrodólares venezolanos para la campaña.
La cosa terrible es que este caballero decidió que Nicaragua se convirtiera en una colonia de Cuba y 16 años más tarde quiere que sea de Venezuela.
¿Qué piensa de lo que ha dicho el presidente Chávez de Nicaragua? Hay gente que lo ha criticado.
Si uno lee el discurso de Pérez Roque, el canciller cubano, pronunciado en Caracas del año pasado, uno ve las líneas de ese eje La Habana-Caracas, luego se sumó Bolivia. Está clarísima la función de conquista política que se han asignado estos señores.
De acuerdo con la percepción delirante de Castro y Chávez, son tipos mesiánicos, la Unión Soviética no tiene sentido, Europa ya no es el corazón de la revolución planetaria. Ese papel le toca a América y dentro de América le toca la responsabilidad a Cuba y Venezuela. Ellos son la nueva Unión Soviética con el dinero de Chávez. Están haciendo clientelismo ideológico y político. Están creando una franquicia. Hay un foco de desestabilización para las democracias que surge de Venezuela y que en Nicaragua es absolutamente evidente.
En Nicaragua también se han escuchado las opiniones del embajador Paul Trivelli, de Estados Unidos. También lo han acusado de intervencionismo en el país, usted ¿qué opina?
Lo que he escuchado es al revés, la preocupación en toda América es que Estados Unidos tiene una negligente indiferencia hacia la región porque no hace nada por ayudarlos a defenderse frente a esta oleada de conquista latinoamericana del chavismo. Es verdad que hay una presencia fuerte de los Estados Unidos en los asuntos nicaragüenses pero la hay desde hace tiempo, no es nueva.
A diferencia de otras ocasiones, lo que se ha criticado es que el señor Embajador ha sido muy descarnado…
A la mayor parte de la gente que hace esas críticas le parece muy bien que Ortega se reúna con Castro y Chávez y que ellos intervengan en la política nicaragüense. Les mortifica que los Estados Unidos participen en este proceso. Les molesta que trate de contribuir a que no se rompa el juego democrático en Nicaragua.
La gente puede pensar que usted tiene críticas para Chávez y su grupo y sólo palmas para Estados Unidos…
Tengo muchas críticas hacia Estados Unidos pero no en que intenten ayudar a la estabilidad democrática del país. Lo que sí sería una incoherencia es que alguien como yo, que le he pedido ayudada al Parlamento Europeo, a la Organización de Estados Americanos en el caso de mi país, me escandalizara porque una democracia ayuda a los partidos políticos nicaragüenses. Es una superstición que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea no deberían intervenir y que es un asunto exclusivamente de los nicaragüenses. A lo mejor teóricamente pero a toda la región le interesa que Nicaragua no vuelva a las década de los ochenta.
Usted dijo recientemente en un programa televisivo que el triunfo de Chávez en Venezuela y Morales en Bolivia era un suicidio de la población, ¿no le parece un irrespeto para los votantes? Estos presidentes ganaron por elecciones.
Como Hitler en Alemania, Mussolinni en Italia. Las urnas pueden servir para generar un caos político.