- Poseía una gran cantidad de explosivos que arriesgaba la seguridad de todo el barrio
Al Juzgado Local del Puerto de Corinto pasarán mañana el expediente de dos ciudadanos corinteños implicados en la elaboración, empaque, trasiego y comercialización de materiales explosivos.
Tanto Juan de la Cruz Lainez Mayorga como Juana María Méndez son denunciados por el delito de posesión ilegal de armas de fuego, municiones, explosivos y accesorios. Este fin de semana la Fiscalía conoció del caso que se registró el viernes en la tarde en aquella localidad.
DESCUBIERTOS
Agentes policiales del Puerto de Corinto dieron con una de las fábricas donde se elabora, empacan y comercializan bombas artesanales, explosivos que ilegalmente usan los pescadores tradicionales de esa localidad para conseguir una mejor producción de mariscos, en sus salidas a alta mar.
El subcomisionado Francisco Ruiz, jefe de la Policía del Puerto, afirmó que frente a las bodegas de la empresa Almacenadora Marítima (Almar) se encontró gran cantidad de material explosivo, capaz de hacer “volar” al barrio.
El hecho se registró en Calle Nueva, en casa de la señora Juana María Méndez. Cuando los agentes irrumpieron en el local, salió huyendo por los patios vecinos Juan de la Cruz Lainez Mayorga, de 45 años, pero fue interceptado y capturado minutos después.
Dentro del inmueble se encontró 25 kilogramos de clorato de potasio, 124 bombas terminadas, una tina conteniendo el equivalente a 12 libras y media de materia explosiva (pólvora) lista para envasarse, 130 artefactos listos para amarrarse, 160 bombas pequeñas, así como logística de material de empaque (bolsas de papel kraft, rollos de periódicos y mecates).
HAY QUE DENUNCIAR
“Todo este material almacenado en un mismo sitio y sin medida de seguridad es muy peligroso, porque expone a toda la población que vive en ese barrio a una explosión inesperada”, ratificó el subcomisionado Ruiz.
Hasta el momento se conoce que existe una campaña de sensibilización a la población corinteña a denunciar las fábricas de bombas artesanales, puesto que en menos de dos años dos viviendas han volado por los aires, cuando accidentalmente explota el material.