- Pese a la debilidad de algunas actuaciones, la puesta de Ernesto Soto tiene un ritmo intenso y apasionado
El Silais de Matagalpa fue tomado por asalto, la tropa de Quetzalcoatl, dirigida por Ernesto Soto, hizo retumbar, bullir y espantar las paredes y patios del edificio.
Como culminación del Festival Shakesperiano correspondió a Matagalpa sellar la intensa jornada con Macbeth, una tragedia que exige actuaciones muy poderosas, en especial de Macbeth y su ambiciosa esposa.
La concepción del grupo partió de aprovechar al máximo todo el espacio escénico. Desde los balcones, el patio, las escaleras hasta un inmenso árbol, por donde se deslizaban casi reptando algunos personajes. Los espectadores sentados en bancos podían girar libremente y observar cualquier ángulo donde se estuviera dando la representación.
En ocasiones se daban escenas simultáneas en diferentes puntos. Pero este reto fue logrado por el grupo.
Las luces y el sonido ayudaban a complementar la atmósfera necesaria, entre terrorífica y onírica. Hay que resaltar la escena final, la batalla en el castillo, donde todos estos elementos se integran en uno solo y vemos una lucha enardecedora en diferentes planos a la vez.
Lo único que deslució fue el bosque, que debía simular los soldados en su avance hacia el hogar de Macbeth. Sólo con tres ramas escuálidas a nadie lograron hacer creer que un bosque humano avanzaba, como señalaba la profecía de las brujas.
El personaje de Macbeth debe trabajar más los matices de la voz, y la proyección corporal, pues tuvo debilidades intermitentes. Algo similar ocurre con otros personajes masculinos, tales como Macduff, que tuvo inconsistencia en su labor actoral. Se destaca Gustavo Palacios con el espectro de Banquo, el cual con una caracterización de espantos atemoriza al sacar sólo su cabeza en la parte trasera del escenario principal.
Las brujas, interpretadas por Ernesto Soto, Nohelia Talavera y Pablo Pupiro, llamaban la atención con sus mascaradas. Nohelia posee una voz poderosa y clara, y Soto interactúa con el público mientras mezcla sustancias pirotécnicas en una olla donde hacen sus hechizos.
El vestuario trató de dar una imagen creadora del ambiente de la época de la obra, sin embargo, las armaduras de los personajes masculinos, con aquellos voluminosos senos, no aportaban la intención que según sus creadores pretendían dar. Al final de la función todos se preguntaban porqué los guerreros tenían pechos como los de las amazonas.
Lady Macbeth, interpretada por Nohelia Talavera, tuvo momentos sorprendentes, pero no mantuvo ese nivel de actuación, después del asesinato del rey fue bajando su fuerza. Sabemos que si algo caracteriza a este personaje es su ambición desmedida y fría, es el motor que impulsa a Macbeth a cometer las detestables acciones que lo llevan al poder y a su autodestrucción.
Hubo algunas caídas que el público apreció, los pisos encerados del Silais fueron la causa, pero los actores se sobrepusieron a eso y a todo lo demás y terminaron con algunas huellas de los accidentes en la puesta pero entusiastas, alegres y apasionados del teatro.
Con uñas, dientes, sin apoyo y con mucho deseo de hacer obras memorables, el grupo Quetzalcoatl y sus invitados del Gukumatz, de Estela, trabajan allá en Matagalpa, para llevar a escena el drama de Shakespeare donde la ambición y la muerte rivalizan como ejes temáticos. Salimos de Matagalpa con las imágenes de la tragedia y con el drama privado de su director Ernesto Soto, quien enfermo, sometido a diálisis casi diarias, no sólo dirige y organiza, sino actúa varios personajes. Es hora de buscar ayuda para que el trasplante de riñón de Soto sea una realidad y podamos contar con él durante muchos años más haciendo sus travesuras y genialidades en el teatro nicaragüense.