Flora Montenegro con sus dos hijas, durante una reciente visita a Managua. (LA PRENSA/J. MEMBREÑO)

Buen café le ha cambiado la vida

Tiene un nombre ligado a la naturaleza que se junta con sunatural forma de ser. Flora es una campesina que ha logrado aprovechar el éxito que le brinda sus cafetales, donde aún no hay luz eléctrica [doap_box title=»El Norte… ¡arriba!» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Guillermo Somarriba, coordinador del conglomerado (cluster) del café de la Comisión Presidencial de […]

  • Tiene un nombre ligado a la naturaleza que se junta con sunatural forma de ser. Flora es una campesina que ha logrado aprovechar el éxito que le brinda sus cafetales, donde aún no hay luz eléctrica
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Guillermo Somarriba, coordinador del conglomerado (cluster) del café de la Comisión Presidencial de Competitividad (CPC), recordó que la Taza de la Excelencia ha marcado la pauta para conocer las zonas donde se produce el mejor café del país.

“Se ha destacado Dipilto, Nueva Segovia, Jinotega”, indicó.

“Se repite la zona de Nueva Segovia, Estelí, Jinotega y Matagalpa, ahí están los cafés especiales de Nicaragua”, aseguró Claudia Castellón, coordinadora del certamen Taza de la Excelencia.

Por otro lado, Somarriba indicó que el precio promedio del café en el mercado internacional se colocará en 100 dólares por quintal.

La cosecha 2005-2006 se estima en 1.8 millones de quintales.

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Se llama Flora y creció en el campo jinotegano, es muy sencilla pero a la vez elocuente y vivaz, es ganadora de varios lugares en el certamen que premia la calidad cafetalera, Taza de la Excelencia, cuya quinta edición inició este lunes en la ciudad de Granada.

Flora del Socorro Montenegro vino a Managua a contar su experiencia, invitada por el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), la acompañaron sus dos hijas, Damaris de los Ángeles de 12 años y Carmen Jeannette de 17. Además tiene un varón, Omar, de 14 años, procreados con Francisco Antonio Arauz.

Cuenta que los primeros granos de cada cosecha los corta la familia (ella, sus hijos y esposo), como una especie de rito para la buena suerte.

Flora está organizada en Soppexcca, organización radicada en Jinotega, que aglutina a pequeñas cooperativas cafetaleras.

Con su natural acento “cantadito” que caracteriza a los norteños, explica que la organización les ayuda a comercializar el café, “porque somos campesinos y no tenemos experiencia”.

EL SECRETO

Le preguntamos cuál era el secreto para lograr premios en varias de las ediciones de la Taza de la Excelencia y entre medio de sonoras risas contestó: “El secreto no se lo puedo decir”.

Pero de inmediato aclara: “El hecho de nosotros es mantener la calidad, es trabajo, porque mire, podemos tener calidad en el plantío pero si nosotros no le damos un buen trabajo, un buen cortado, no vamos a tener una buena calidad”.

Dice que los galardones logrados, además de una mejor paga por su café, que es uno de los incentivos del concurso, es gracias al trabajo que ejecuta.

“En la casa el trabajo lo hacemos yo y mi marido, el café es mío verdad, pero él siempre a mí me ayuda en mi labor”.

¿Quiere decir que su esposo agarra terminación del premio?

No, no le doy nada, porque está bien que me ayude, pero yo darle no (risas).

Asegura que siempre tiene el cuidado de cortar sólo los granos maduros, “no se puede dejar en el saco, tiene que despulparse inmediatamente, “porque si no lo despulpo de inmediato pierde la calidad porque se me va a sobrefermentar”.

Tras el despulpado le da sus 32 horas de fermentación y después lo lava, “no lo voy a hacer con agua sucia, lo tengo que lavar con agua bien limpia”, aclara sabiendo la atención que acapara al contar su técnica.

“Posteriormente pasa a los cajillones donde se le da una buena escogida, después de eso hay que tener cuidado que los sacos estén bien limpios para llevarlos al centro de acopio”.

QUINCEAÑERA

Flora tiene 15 años de ser cafetalera y cuatro de participar en la Taza de la Excelencia.

Dice ser cafetalera por iniciativa propia, “desde que me casé con mi marido empezamos a sembrar cafecito y logramos tener seis manzanas, siempre ha sido nuestro trabajo el café.

En el 2002 obtuvo el 13 lugar en el concurso; al año siguiente logró el cuarto puesto, “tuvimos un precio de 500 dólares (por quintal) y el año pasado quedé en el puesto 22 y vendí a 210 dólares”.

En esta quinta edición está entre las 150 muestras que esta semana serán calificadas por catadores nacionales para escoger las 60 que la próxima semana van a jurado internacional.

“Estoy participando, mi deseo es clasificar y obtener un buen lugar, eso me ha generado a lograr más ingresos, a mejorar el nivel de vida, porque nosotros somos pobres pero eso nos ha ayudado mucho, este año logré construir mi casa, la hice un poco grande y estoy pensando trabajar más en el ecoturismo”, comentó muy orgullosa.

Ya ha tenido visitantes extranjeros, “ya estoy funcionando”, aclara.

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