Querido padre Alberto:
La que le escribe es una mujer muy creyente, pero no creo que uno tenga que asistir a una iglesia para estar cerca de Dios, y esto a causado que miembro de mi familia me ataquen.
Padre, la verdad es que yo no creo en los curas. Usted me cae muy bien por su forma de ser tan natural y tan abierta, pero no me gusta lo que ustedes y sus obispos han hecho con la Iglesia. Jesús era muy distinto a ustedes, incluso creo que nunca se vistió de negro, ni de sotana.
Esperanza, una creyente sin iglesia
Estimada Esperanza:
Quiero que sepas que coincidimos en algo: Yo tampoco creo en los curas, sólo creo en Dios. Nada, ni nadie, nos debe separar de Dios y de la Iglesia.
Lo que presentas en tu carta lo he escuchado muchas veces. Este es un tema que se repite cada día más y más, especialmente en una sociedad en la que abundan quienes dicen ser “espirituales”, pero no “religiosos”. La realidad es que esta postura la considero falsa por varias razones:
1. Nunca he conocido una persona que sea verdaderamente “espiritual” que no siga alguna forma de disciplina espiritual. Veamos el ejemplo de los grandes líderes espirituales del mundo: Gandhi, el Dalai Lama, la madre Teresa de Calcuta, todos son parte de una religión mundial y siguen sus respectivas religiones con fidelidad. Por otra parte, los gurús espirituales de la Nueva Era que rechazan la religión organizada. ¿Quiénes son? ¿Qué han hecho por la humanidad aparte de confundir y mezclar conceptos de varias religiones y creencias como en una batidora?
2. La fe no es algo meramente PERSONAL. El don de la fe siempre tiene un elemento comunitario. En la “comunión de fe” se manifiesta, precisamente, el compartir y el estar unidos en presencia de Dios que es fuente de amor y de unidad. Si yo no comparto la fe con nadie, reduzco mi espiritualidad a algo que me hace “sentir bien” y no es una auténtica alabanza a Dios. También tengo que ser muy honesto contigo en decirte que todavía no he conocido a la primera persona que verdaderamente rece diariamente y preste atención a Dios, sin practicar su fe, sin ser parte de una religión específica.
3. La identidad del creyente está íntimamente atada a una familia espiritual. Los “agentes independientes” no se encuentran en ningún lugar dentro del marco de la revelación divina. Además, sin pertenecer a una familia espiritual, ¿quién guía y conduce esa espiritualidad? ¿Cómo se desarrolla a lo largo de todas las etapas de la vida y cómo se alimenta?
Nadie puede imponerte el asistir a la Iglesia, pero sí creo que debes reconsiderar tu posición sobre la importancia de la fe y la religión en tu vida y en la vida de tu familia.
Al final, sólo Dios sabe la condición espiritual de cada persona. Sólo Él nos puede juzgar.
Un abrazo,
Padre Alberto
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