Irlanda forma parte del archipiélago británico y de la Unión Europea. En 1999 se unió a la iniciativa del euro. Es un país pequeño situado al noroeste de Europa, con apenas 70 mil kilómetros cuadrados y 4.2 millones de habitantes, pero ya se ha ganado un prestigio internacional inmenso. Ha despertado la envidia de los demás países europeos por los éxitos en materia económica y social. Sus cifras macroeconómicas son categóricas. Se espera que el PIB crezca en el 2006 un 4.9 por ciento y alcance los 222 millardos de dólares, una tasa de inflación del 2.7 por ciento y un PIB per cápita que superará los 50 mil dólares.
En la década pasada implementó una serie de programas económicos para refrenar la inflación, reducir el gasto del gobierno como un porcentaje del PNB, aliviar la carga fiscal, incrementar la habilidad de la fuerza laboral y promover la inversión extranjera. El periodo de rápido crecimiento de la década pasada, llevó a bautizar a Irlanda como el Tigre Celta. Entre 1995 y 2000 creció en promedio con un robusto 10 por ciento.
Mientras en muchos países de América Latina (a excepción de Chile lugar 22), la falta de competitividad es una «enfermedad creciente» y peligrosa de cara a los tratados de libre comercio (TLC); Irlanda se cuenta entre los países que han construido uno de los mejores clima de negocios y niveles de competitividad. Depende fundamentalmente del comercio. Según el ránking elaborado por The economist, la Economist Intelligence Unit, que analiza a las 82 economías más desarrolladas del mundo, las cuales generan más del 98 por ciento de la producción mundial; Irlanda ocupó el lugar número seis entre los países con el mejor clima empresarial entre 2006 y 2010. El primer lugar fue para Dinamarca, seguida de Finlandia, Canadá, Singapur y Holanda.
Irlanda ha implementado una estrategia de sostenido crecimiento económico a partir de un aumento de las exportaciones. En 1990 las exportaciones eran de 20,669 millones de dólares, para 1995 habían alcanzado los 44,705 millones y en el 2005 llegaron a la increíble cifra de 104,100 millones de dólares.
En Irlanda las exportaciones se han convertido en el motor de la economía y representan el 57 por ciento del PIB. Los indicadores para Centroamérica son todavía muy reducidos, sobresalen Costa Rica y El Salvador con 34 y 21 por ciento respectivamente.
Es de los mayores exportadores de bienes y servicios relacionados con el software en el mundo. En los últimos 10 años las exportaciones de la isla han crecido en promedio un 8.8 por ciento anual, mientras Centroamérica ha crecido en 4.8 por ciento. La industria concentra el 80 por ciento de las exportaciones. Si se analiza el indicador exportaciones e importaciones de mercancías per-cápita, que indica el rendimiento promedio de exportaciones por habitante; Irlanda obtuvo 25,390 dólares (2004) mientras en Centroamérica la estrella fue Costa Rica con 1,458 dólares, El Salvador 479 dólares y Nicaragua sólo significaba 141 dólares per cápita.
El modelo irlandés también ha dedicado muchos recursos a la educación, entendiendo que en ella se basa el desarrollo económico y social de una nación. Sociedades más competitivas, más prósperas, más equitativas y con mayores posibilidades de modernizarse, se caracterizan por un crecimiento (cualitativo) constante del recurso humano. La educación es el binomio insustituible del desarrollo.
La Unesco recomienda un gasto mínimo en educación del seis por ciento del PIB. La mayoría de los países desarrollados cumplen esa meta, no así en los países en desarrollo. Irlanda gasta en educación 5.7 por ciento del PIB (2003) y tenían un promedio de escolaridad de 9.4 años (año 2000), así como una tasa de alfabetismo en mayores de 15 años de 98 por ciento. (En la mayoría de los países centroamericanos el gasto en educación es inferior al 4 por ciento del PIB).
Nicaragua dedica 3.1 del PIB (2003), a los gastos de educación y tiene 4.6 años de escolaridad promedio de adultos, mientras Costa Rica destinaba el 5.1 por ciento (2003) y 6 años como promedio de escolaridad de adultos. Los indicadores muestran que la región tiene una agenda pendiente, garantizar la universalidad en el acceso a la educación secundaria y la justicia de participación (género) en el sistema educativo.
Gracias a la apertura y a políticas económicas consistentes y responsables, también Irlanda, como otros países emergentes, ha sacado a mucha gente de la pobreza y continúan atrayendo a la inversión privada externa y propiciando la interna. Así, Irlanda es un país que se ha destacado en los últimos años, tanto por los logros en la disminución de la pobreza como por su crecimiento económico, aún sin contar con una fabulosa dotación de riquezas naturales. Tampoco se puede obviar que ha contado con el fondo de compensación de la Unión Europea (UE).
Por otra parte, el gasto en salud como porcentaje del PIB es uno de los indicadores más importantes para evaluar el nivel de desarrollo de los países. Ante un máximo cercano de 10 por ciento de Noruega y Uruguay; en América Central y el Caribe el gasto en salud respecto al PIB se ubica en casi la mitad o inferior al indicador en los países con niveles más altos.
Irlanda dedica un 7.3 por ciento del PIB (2002) a gastos en salud, equivalente a 2,255 dólares per cápita. Nicaragua dedicó gastos de un 7.9 del PIB, pero equivalente a 60 dólares per cápita (2002).
Si se aborda el caso de la subnutrición; un indicador fundamental, considerado por muchos como la matriz de muchas enfermedades. En los países en desarrollo 17 de cada 100 ciudadanos están desnutridos. Lo que significa que la ingestión de alimentos está por debajo de las exigencias mínimas para mantener una vida saludable. Un recurso humano no saludable, ni puede estudiar, ni puede ser productivo.
Si bien es cierto que los modelos no se pueden trasladar mecánicamente, es evidente que hay que aprender también de los irlandeses aunque estén en lugares de bajas temperaturas (También en Chile hace frío). Compartir sus experiencias exitosas debe ser aleccionador para encontrar el rumbo del desarrollo. Aun cuando se diga que los indicadores pueden tener una naturaleza engañosa, es innegable que son un elemento imprescindible para el análisis cualitativo y la ejecución de políticas económicas responsables pro crecimiento, pro reducción de la pobreza, pro naciones competitivas, lo demás son cuentos chinos, ahí están las cifras.
El autor es Profesor de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas. UNAN-RUCFA