¿Parto de un nuevo movimiento?

Organismos hispanos o pro inmigrantes hablan de crear un movimiento al estilo de aquél a favor de los derechos civiles en los años 60 [doap_box title=»Una autobiografía que va contra la intolerancia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] María Elena Salinas, considerada la periodista hispana más influyente de los medios informativos de Estados Unidos, ha publicado una autobiografía en […]

  • Organismos hispanos o pro inmigrantes hablan de crear un movimiento al estilo de aquél a favor de los derechos civiles en los años 60
[doap_box title=»Una autobiografía que va contra la intolerancia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

María Elena Salinas, considerada la periodista hispana más influyente de los medios informativos de Estados Unidos, ha publicado una autobiografía en la que da la batalla contra la intolerancia y la “retórica antihispana” en este país.

En “Yo soy la hija de mi padre”, la prestigiosa reportera de origen mexicano se enfrenta a los enigmas y secretos que envuelven el pasado de su padre, un sacerdote que colgó los hábitos, un hombre “pacifista, intelectual, indocumentado”, como ella lo describe.

Es precisamente su condición de hija de un inmigrante indocumentado en Estados Unidos lo que mueve a Salinas en estas memorias a denunciar el espíritu antiinmigrante que alimenta cada vez más las posturas de periodistas, políticos y ciudadanos estadounidenses.

Se trata de un fenómeno que ha derivado en una “ola antihispana, antilatina, de un tono racista, no sólo antiinmigrante”, denuncia. Desgraciadamente, para Salinas, los hispanos “no tenemos un Martin Luther King que tenga ese poder de convocatoria” capaz de canalizar las “voces ignoradas” y derrotar la intolerancia.

Sin embargo, las masivas movilizaciones de inmigrantes hispanos, “tienen efecto” y laminan esa “retórica antiinmigrante de políticos como el congresista Tom Tancredo o el periodista Lou Dobbs”, de CNN, señala.

En cuanto al trascendental debate sobre la reforma migratoria que se produce ahora, ella afirma que hay “un debate sólo de un lado, a través de los medios en inglés, que son la mayoría, un debate que acusa a los inmigrantes de todos los males”. (EFE)

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Un gran problema: no hay una figura como Martin Luther King

En medio de las protestas masivas de inmigrantes más impresionantes de la historia en Estados Unidos, sus organizadores dicen que aprovecharán el enorme caudal de energía liberada con el debate migratorio para empujar un sueño americano.

Los dirigentes de las protestas hablan de crear un nuevo movimiento permanente por los derechos civiles de los inmigrantes, el cual pueda unificar a los latinos, la minoría más importante de Estados Unidos, según la prensa estadounidense.

Es un desafío formidable, puesto que la comunidad hispana está dividida económica, racial y socialmente; además, tiene procedencias nacionales muy distintas.

“Nuestro desafío es transformar este movimiento masivo de personas en las calles en un movimiento masivo de gente hacia las urnas”, dijo al diario The Washington Post Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles. “En última instancia, en una democracia, tu influencia depende de colocar en el poder a gente que representa tus intereses”.

De acuerdo a los estudios más recientes del Pew Hispanic Center, un centro de estudios, hay 12 millones de indocumentados en EE.UU. La mayoría son hispanos.

En 2004, unos siete millones de ciudadanos de origen latino tenían derecho a votar.

Eso equivale al 40 por ciento de los hispanos, según el Tomás Rivera Policy Institute de la Universidad del Sur de California. Menos de la mitad vota regularmente. Un tercio del total de los hispanos es demasiado joven para votar, de acuerdo a datos publicados por The Washington Post.

“Una comunidad que esencialmente había tratado de permanecer invisible, concluyó de repente que su invisibilidad le estaba haciendo daño”, dijo Frank Sharry, director ejecutivo del National Immigration Forum, al diario.

Aunque las marchas y concentraciones han movilizado a más de dos millones de personas, el movimiento dista de tener un liderazgo nacional al estilo del movimiento a favor de los derechos civiles de los negros, como en los años sesenta.

En otras palabras, a un movimiento como éste, para ser exitoso y existir a mediano y largo plazo, le hace falta un Martin Luther King, el líder y mártir del movimiento de los derechos civiles para la minoría negra, quien fue asesinado.

Muchos de los líderes de ese movimiento salieron de tradicionales medios socioculurales negros o de las iglesias protestantes, lo cual llevó al surgimiento de un selecto grupo de oradores. Las demostraciones de las últimas semanas han sido el trabajo de una red dispersa y variada de organizaciones comunitarias, sindicatos, asociaciones y de los medios hispanos.

“Sin una figura como la del doctor King, carecemos de crear esa conexión personal, no solamente dentro de nuestra comunidad, pero también hacia fuera”, estima Cecilia Muñoz, vicepresidenta del Consejo Nacional de la Raza, un grupo hispano, hablando para el diario.

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