“Haber conocido unos 20 ó 25 países del mundo, habiendo nacido en La Paz Centro, con los niveles de pobreza en que viví y con mis limitaciones académicas, constituye para mí uno de los logros más importantes de mi vida”, dice Calixto Vargas con orgullo.
Vargas es ahora comentarista deportivo y junto a su magnífica voz tiene facilidad de palabras y habilidad para llegar a sus oyentes.
“Me he vuelto estudioso, leo bastante. He leído muchos libros y también leo las Sagradas Escrituras. Y toda esta necesidad de aprender me despertó a través del deporte, el que me llevó a viajar. Por eso siempre digo que el deporte es una puerta abierta hacia el futuro, hacia la civilización”, agrega Vargas.
—Al dar un vistazo a tu vida, ¿te gusta lo que ves?
Debí seguir en la escuela. Y te voy a poner un ejemplo: mi hermano (Virgilio) es licenciado y recuerdo que me decía “Calixto, ya no puede seguir hoy, voy a lavarme porque voy a ir a la escuela. Y yo lo miraba salir todos los días. Un día me dijo que me invitaba a su promoción de bachiller y más adelante a su graduación en la universidad. Entonces, se puede. Por eso no culpo a nadie, ni a los gobiernos. Uno mismo define su destino. Mi hermano iba a la universidad y yo me quedaba jugando handball. Entonces, hubiera jugado beisbol pero sin descuidar los estudios.
—Siempre se habla de tu enemistad con Carlos García, presidente de la Federación de Beisbol.
Yo he limado asperezas con Carlos y debo reconocer que Carlos ha sido útil para el beisbol, pero lo sería más si se ubicara en el tiempo. Bien podría ser un buen asesor a estas alturas de su vida. Nuestra dificultad surge porque denuncié que al pelotero se le trataba como un instrumento, se le explotaba. Y cuando te convertís en un crítico del sistema, morís crucificado. Y a veces no es el propio sistema el que te enjuicia, sino los serviles del sistema, incluyendo periodistas, quienes tergiversan los hechos por maldad y entregan una historia falsa. Me llevaron a los tribunales y todo, porque se nos llevó a recaudar dinero en Colombia y Estados Unidos y nadie supo el destino de ese dinero. Entonces lo denuncié. Y quiero que quede claro, que no pretendo hurgar heridas del pasado, pero siento orgullo de lo que hice, y el resultado de ello son los mejores salarios que los peloteros reciben hoy día, aunque no se reconozca, ni ellos valoren ese privilegio.