una obra de Pablo Beteta, óleo sobre tela. Por estar completamente deteriorado el soporte (tela) fue necesario reentelar toda la obra, en lugar de colocar parches en las rasgaduras. Nótese la foto principal ya restaurada y en las proyecciones superiores, la condición previa a la restauración. (LA PRENSA/Cortesía BCN/Anibal Vivas)

Manos que restauran

La restauración de pinturas es una ciencia poco conocida, a pesar que gracias a ella se preserva la historia pictórica del mundo [doap_box title=»Un trabajo con bisturí» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La limpieza es una de las operaciones más delicadas y peligrosas dentro del proceso de restauración, ya que es el único proceso no reversible. Un exceso […]

  • La restauración de pinturas es una ciencia poco conocida, a pesar que gracias a ella se preserva la historia pictórica del mundo
[doap_box title=»Un trabajo con bisturí» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La limpieza es una de las operaciones más delicadas y peligrosas dentro del proceso de restauración, ya que es el único proceso no reversible. Un exceso puede tener consecuencias desastrosas e irreparables para la pintura.

Existen dos tipos de limpieza: mecánica y físico-química (por disolventes). En la primera se utilizan herramientas que suelen ser bisturí, lijas, pincel suave, aspirador, entre otros. Son medios de fácil control pero lentos. Actúan por frotación, erosión y eliminación de los materiales alterados o añadidos a la obra.

La limpieza físico-química es la que actúa por el empleo combinado de disolventes químicos y medios mecánicos (hisopos de algodón, bisturí, entre otras).

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Desde la época en que el hombre habitaba en las cavernas ha intentado perpetuar su existencia a través de signos pictóricos que —hasta nuestros días— siguen transmitiendo fuerza y realismo. Por ello, cuando esos signos van desapareciendo, es como si la historia del hombre también lo hiciera.

Aunque sabemos que nada es para siempre, la lucha por preservar las obras de los daños causados por la inclemencia del tiempo y el medio ambiente, se hace cada vez mayor.

¿Pero qué pasa con una pintura cuando el tiempo ya hizo de las suyas? Sencillo, es ahí donde entran en escena las manos de un restaurador.

En Nicaragua son pocos los especialistas que se encargan de restaurar una obra de arte, dado que se requiere de mucho conocimiento y estudios en la materia. En este sentido nuestro país se da el lujo de tener artistas para la pintura y la restauración.

Entre ellos encontramos a los restauradores Omar Gómez, Pedro Berríos y Francisco Jiménez Rueda, quien además es pintor. Estos tres artistas tienen bajo su responsabilidad la tarea de preservar y restaurar 30 obras nicaragüenses que pertenecen a la colección del Banco Central de Nicaragua.

“Lo que estamos haciendo con estas obras son dos trabajos: preservación y restauración. Es decir, no todas las obras que se van a intervenir ameritan trabajo de restauración propiamente dicho”, dijo Jiménez.

La restauración tiene que ver con la reparación que se le hace a una obra por los daños que ha sufrido, en cambio la preservación son cuidados leves —no por ello menos importantes claro está— con los cuales se trata de evitar daños posteriores.

BETETA, EL MÁS DIFíCIL

El Banco Central de Nicaragua posee una de las colecciones más completas de pintura nicaragüense; son 529 obras las que tiene en su poder, de las cuales 30 se están interviniendo, según informó Rosa Emilia Jirón, administradora de Bienes Culturales de esta institución.

Entre esas obras se encuentra una pintura llamada Mercado (1974) del pintor nicaragüense Pablo Beteta, la cual pertenece a la etapa formativa de este artista.

“En el caso de la obra de Beteta se encontró que la tela estaba “degradada” en el extremo superior derecho, debido a ello fue necesario desprenderlo por partes”, se explica en el informe de la intervención.

“La tela utilizada por Beteta en esta pintura, alguna vez sirvió como saco de harina. Él aprovechaba todo y en aquella época en su casa había una panadería, así que tomaba los sacos de harina como lienzo”, comentó Jiménez.

Entre la lista de obras intervenidas encontramos a muchos pintores reconocidos, como Hugo Palma, Omar de León, Efrén Medina, Orlando Sobalvarro, Claudia Fuentes de Lacayo, Toribio Jerez, Carlos Bolaños (1920) y seis obras coloniales realizadas por anónimos.

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