- Curso económico responsable será mantenido
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BRASILIA/ AFP
El nuevo ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, preconizaba inflexiones en la política “ortodoxa” de su predecesor Antonio Palocci, pero fue rápidamente encarrilado por el mercado, por el Banco Central y por el propio presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Mantega, ex ministro de Planificación y, hasta el lunes pasado, presidente del banco de fomento BNDES, sustituyó el martes a Antonio Palocci, obligado a dimitir por denuncias de corrupción.
Tanto Mantega como Palocci pertenecen al Partido de los Trabajadores (PT izquierda) de Lula, pero no son percibidos del mismo modo por los operadores financieros.
El mercado había asimilado ya la idea de la partida de Palocci, sumamente desgastado, pero apostaba a su sustitución por el viceministro Murilo Portugal, de la misma línea monetarista.
El nombramiento de Mantega, considerado un “neodesarrollista” (a favor de apoyos del Estado en sectores claves) causó sorpresa, y más aún cuando en sus primeras declaraciones dio a entender que podría acelerar el ritmo de recortes de la tasa básica de interés aplicada por el Banco Central para controlar la inflación.
La tasa básica Selic cayó de 19.75 por ciento al año en septiembre pasado a 16.50 al año en la actualidad, pero sigue siendo la más alta del mundo en términos reales (superior al 11%).
Brasil no sólo debe tener responsabilidad fiscal, sino también “responsabilidad social, con las inversiones necesarias para que el país siga creciendo”, dijo Mantega el lunes.
“Mi orientación es que Brasil hoy ya consiguió controlar la inflación y esto nos permite una reducción sistemática de la tasa de interés”, añadió. Y horas antes de asumir, el martes, abogó por tasas “civilizadas”.
El mercado le hizo saber rápidamente lo que pensaba: el real abrió ese día con una desvalorización de 2.77% y la Bolsa de Valores de Sao Paulo operó a la baja durante el día.
Lula salió a calmar el juego: en el acto de toma de posesión, recordó que en economía “no hay fórmulas mágicas”.
Y el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, anunció que Lula le garantizó que no debería responder a Hacienda, sino al propio jefe de Estado, en virtud de un decreto que databa de 2004 pero que nunca había sido aplicado.
Esa decisión fue criticada por Delfim Neto, gestor del “milagro” económico brasileño durante el régimen militar (1964-85), quien juzgó exagerados los temores de Lula y afirmó que “el Banco Central quedó libre de hacer todas las tonterías que quiera”.