- Se cumple hoy el primer aniversario de la partida del Papa polaco
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El 2 de abril se cumple el primer aniversario de la muerte de Juan Pablo II, el Papa polaco considerado un conservador en dogma y moral y avanzado en materia social que jugó un destacado papel en la caída del comunismo y cuyo proceso de beatificación está en marcha.
Juan Pablo “El Grande”, como ya se le conoce, falleció a las 21.37 horas de Roma (13.37 hora de Nicaragua) a los 84 años de edad, tras una agonía de dos días.
Ha transcurrido ya un año sin Karol Wojtyla, el primer Papa eslavo de la historia de la Iglesia que descansa en las Grutas Vaticanas en la tumba que sirvió de morada durante 38 años al beato Juan XXIII, el “Papa Bueno”, al que tanto apreciaba.
Fue un Papa contemplativo y misionero, según lo definió recientemente Benedicto XVI, que fue su mano derecha durante 24 años y que en este año sin Wojtyla siempre que se ha referido a él le ha llamado “mi venerado predecesor” y el Pontífice que supo “entrar en el corazón de la gente”.
La gente le amó y aún sigue vivo en la memoria el grito “súbito santo” (santo ya) que decenas de miles de personas corearon repetidamente el 7 de abril de 2005 durante los funerales.
En aquellos días, más de tres millones de personas acudieron a Roma para dar su último adiós a Juan Pablo II y no dudaron en hacer colas de hasta doce horas para poder rendirle homenaje en la capilla ardiente levantada en la basílica de San Pedro, donde quedó expuesto el cadáver.
La petición de la proclamación de la santidad estuvo acompañada del desplegar de pancartas con las mismas palabras, frase que desde entonces se ha repetido cada vez que se habla de Karol Wojtyla, cuya tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación y es visitada diariamente por una media de 23,000 personas.
Con su fallecimiento concluyó un papado que comenzó el 16 de octubre de 1978, tras un cónclave que llevó al solio pontificio a un Papa “venido de tierras lejanas”, como él mismo dijo, y que rompió una tradición de 455 años de pontífices italianos.
Su papado fue el de los récords. En esos años realizó 104 viajes por el mundo y 144 por Italia. Publicó catorce encíclicas, comenzando con la Redemptor hominis, en la que trazó las línea de su pontificado, el tercero más largo de la historia de la Iglesia.
Convocó nueve consistorios en los que creó un total de 232 cardenales, de ellos uno in pectore, cuyo nombre se llevó a la tumba.
Fue el primer papa que visitó una iglesia luterana (Roma, 1983), el primero que pisó una sinagoga (Roma, 1986) y el primero que entró en una mezquita (Damasco, 2001) y oró en su interior. También fue el primero que mantuvo un encuentro con una comunidad musulmana (Casablanca, Marruecos, 1985).
Juan Pablo II fue uno de los Papas más amenazados de la historia. El 13 de mayo de 1981, a punto estuvo de morir al ser tiroteado y alcanzado en el abdomen y la mano en el atentado perpetrado por el terrorista turco Mehmet Alí Agca.
El atentado fue el día de la Virgen de Fátima y él siempre mantuvo que “una mano (la de Agca) disparó y otra (la de la Virgen) desvió la bala”.
Viajó en tres ocasiones a Fátima (Portugal) y durante el último, en al año 2000, se desveló el famoso “Tercer secreto de Fátima”, que se refería precisamente, según informó el Vaticano, al atentado que sufrió en 1981.
Murió sin poder visitar Moscú ni China. Su sucesor, Benedicto XVI, siguiendo su norma, considera prioritario para la Iglesia el continente asiático.
En su primer consistorio, el alemán Joseph Ratzinger, ha creado tres cardenales de esas tierra, entre ellos, el obispo de Hong Kong y tal vez un día pueda cumplir el deseo negado a Juan Pablo II de pisar Pekín.
En este año sin Wojtyla se han multiplicado los libros, películas y documentos sobre Juan Pablo II, cuya santidad, según el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, “es evidente”.
Tres meses después de su muerte se abrió el proceso de beatificación que no concluirá “en tiempos breves”, según ha dicho el postulador de la causa, el sacerdote polaco Slawomir Oder, aunque cada día se conocen nuevos supuestos milagros por su intercesión.
“Estamos sólo al inicio, los tiempos no serán breves”, dijo recientemente Oder, que subrayó que el pontificado del polaco Karol Wojtyla duró casi 27 años, que los testimonios de las personas que le conocieron son muchos y que a todo ello hay que añadir el cuantioso material escrito por el Papa a lo largo de los 84 años que vivió.