- Un parque ecoarqueológico es un éxito turístico. Pero su dueño, el Grupo Xcaret, no quiere socios ni entrar en más negocios
Ciudad de México
Francisco Córdova, director ejecutivo del Grupo Xcaret, sigue alabando la visión del arquitecto Miguel Quintana de convertir un privilegiado terreno de la Riviera Maya en Xcaret, el primer parque ecoarqueológico del mundo. Y es que después de 15 años tiene muchas razones para celebrar la acertada idea.
El grupo, que además opera los parques Xel-Há y Garrafón, recibe más de 2 millones de visitantes al año y en 2005 alcanzó ventas superiores a los US$110 millones —con Wilma mediante—, convirtiéndose en la empresa de recreación turística sustentable más redituable del país y en todo un icono del Caribe mexicano.
“Nuestro Estado se ha beneficiado con las actividades promocionales en las que participa el grupo”, dice Gabriela Rodríguez, secretaria de turismo de Quintana Roo. “El que sean parques temáticos con reconocimiento mundial contribuye en la decisión de los turistas”.
Su fortaleza: un paisaje de ríos subterráneos con aguas color turquesa, rodeados por una belleza de flora y fauna innegable y aunado a vestigios arqueológicos. A ello se agregan actividades recreativas como snorkel, nado con delfines o espectáculos de la cultura prehispánica. “No existe un lugar similar en el mundo”, manifiesta Jesús Almaguer, presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún.
Esta visión les permitió en 1994 la concesión del Estado para operar el parque natural Xel-Há y en 1998 la de Garrafón en Isla Mujeres. Xel-Há es de los tres el más rentable y se caracteriza por una gran caleta que une el mar con los ríos subterráneos, un fenómeno natural único que ha permitido la convivencia de especies de agua salada y dulce.
Nada de socios
Su reputación les ha merecido la invitación a desarrollar proyectos similares en países como Puerto Rico, Cuba y República Dominica. Pero, según Córdova, “nos gana el éxito y el crecimiento de nuestra propia zona”. Se estima que la Riviera Maya duplicará en 10 años sus 27,000 cuartos, por lo que prevén una saturación de su oferta, lo que trae la necesidad de crear un sistema de reservas para visitas y probablemente un aumento del precio de entrada.
Además, tienen fe en un polémico proyecto que desató la oposición del sector hotelero hace casi cinco años: la puesta en marcha de un home port para cruceros, cuya inversión sobrepasa los US$60 millones y que tendrían en sociedad con Carnival. “Creo que es posible reactivarlo, aunque bajo ninguna circunstancia enfrentados con nuestros amigos hoteleros”, dice.
Así, la posibilidad de ingresar a otro mercado parece nula. ¿Franquiciar el negocio? Menos aún, un modelo del que desconfían ante la complejidad que incluye el negocio.
Córdova prefiere enfocarse en la Riviera Maya y Cancún, donde invierten en promoción alrededor de US$5 millones anuales, y en su cuarto parque, Cañón del Sumidero en Chiapas, hasta ahora perjudicado por la poca infraestructura turística. “Allí no ganamos ni perdemos”, dice. Sobre la posibilidad de vender o entrar en la bolsa de valores la respuesta casi se predice: “Estamos bien como estamos, no nos interesan nuevos socios”.
Mejor que los toboganes
Los atributos de Xel-Há le permitieron ganar el año pasado la mayor distinción de la Internacional Association of Amusement Parks and Attractions como parque acuático fuera de los Estados Unidos. “La naturaleza puede ser igual de entretenida que las multimillonarias inversiones en toboganes”, dice Córdova, uno de los seis socios, todos mexicanos, que forman el grupo.
Hace cuatro años también obtuvieron el título de empresa socialmente responsable, honor que ostentan sólo 78 compañías en México. Invierten anualmente cerca de US$3 millones en proyectos sociales. “Tenemos la conciencia de que nuestro principal negocio es cuidar nuestro entorno”, dice Córdova.
Además, llevan a cabo programas de protección, conservación y reproducción de especies endémicas en peligro de extinción y se les ha considerado entre las empresas más atractivas para trabajar en Latinoamérica, con 3,000 trabajadores directos y 5,000 indirectos.