Negocio modelo

La brasileña Rosa Chá se convirtió en una referencia mundial en bikinis y trajes de baño. Y va por más São Paulo Todos los años es la misma batalla. Personajes de la alta sociedad, compradores, periodistas y millares de fans se empujan en el intento de conseguir entrar en la sala de desfiles. Adentro, algunas […]

  • La brasileña Rosa Chá se convirtió en una referencia mundial en bikinis y trajes de baño. Y va por más

São Paulo

Todos los años es la misma batalla. Personajes de la alta sociedad, compradores, periodistas y millares de fans se empujan en el intento de conseguir entrar en la sala de desfiles. Adentro, algunas de las más voluptuosas top models del mundo caminan graciosamente en trajes mínimos, atizando a los dichosos de las primeras filas, y fotografiándose para las portadas de los diarios de la ciudad del día siguiente.

No, no estamos hablando de la São Paulo Fashion Week, donde esas escenas ocurren en el Pavilhão de la Bienal del Parque Ibirapuera. Esto sucede en la Sexta Avenida de Nueva York, el mercado más competitivo del planeta. Allí, la confección brasileña de moda de playa Rosa Chá ya es una referencia en bikinis y trajes de baño. “Amir Slama consiguió eso con un trabajo muy perseverante, paciencia y visión de largo plazo”, dice Carlos Ferreirinha, uno de los consultores de moda y lujo más conocido de América Latina, en São Paulo.

Él se refiere al creador de Rosa Chá, Amir Slama, quien fundó la empresa en 1989, después de heredar de su padre, Abraham Slama, cuatro máquinas de coser y algunos kilos de lycra. Comenzó haciendo ropa de gimnasia y vendiéndola directamente a los alumnos de las academias de São Paulo. Después siguió produciendo bikinis que se destacaban porque necesitaban recurrir a la osadía vulgar. “Amir Slama consiguió, de forma inteligente, dotar a la marca de atributos emocionales”, dice Ferreirinha.

A partir de la fábrica en el barrio de Bom Retiro, antiguo reducto judaico de São Paulo, hoy dominado por tiendas de coreanos, Amir Slama abrió en 1993 su primera tienda en la calle Oscar Freire, donde son lanzadas las tendencias de la moda en la ciudad. En los tres años siguientes abrió cuatro tiendas propias y creó una marca para franquicias en Brasil. El primer paso internacional vino en 1997, cuando mostró sus piezas en Nueva York y Los Ángeles. Dos años después cruzó el Atlántico y se presentó en el mercado londinense. El primer desfile en Nueva York fue en 2000, en la semana “7th on 6th”.

De Nueva York a París

Desde entonces, el evento se mide por la afluencia de celebridades en la platea, las pasarelas y las fiestas que promueve, como la de febrero con Paris Hilton (fanática de los pequeños bikinis brasileños), la tenista Venus Williams y la top model Naomi Campbell, dueña de la empresa que organiza las fiestas de Rosa Chá y estrella de una colección exclusiva de la marca. La sesión de fotos de Naomi, en la playa de Copacabana, juntó una pequeña multitud alrededor. “Construir la marca es un trabajo diario, que comenzamos en el exterior totalmente sin pretensiones”, manifiesta Slama.

Hoy, Rosa Chá es protagonista de portadas de revistas de moda en todo el planeta a la hora de destacar los cuerpos de modelos y celebridades. Slama presta su creatividad para el fabricante de material deportivo Speedo, que lo contrató en 2003 para lanzar la línea Speedo by Rosa Chá. “El objetivo de acelerar la internacionalización de la marca fue acertado”, dice Slama. Desde EE.UU., la marca entró en el mercado japonés y europeo, donde abrió una franquicia en Portugal y corners en las tiendas Printemps de París.

En Brasil, Rosa Chá enfrenta una competencia feroz tanto de las varias marcas del rubro como de la producción de empresas pequeñas y diseñadores aficionados. Ante eso, Slama diversificó su producción creando una nueva marca, Sais de Cor —con una línea especial para la top model Ana Hickmann, conocida por sus piernas de 1.2 metros.

Es lo necesario para destacarse entre las mujeres que muestran sus encantos en las playas brasileñas.

“La moda de playa es muy difícil”, dice Ferreirinha. “Pocas confecciones en el mundo consiguen hacer moda ciento por ciento de playa, y Amir lo consiguió”. Otra ventaja es que Rosa Chá es un nombre fácil de reconocer en el mundo gracias a la flor. Además, es sabido: en las playas nadie se fija en la marca del bikini, sino en la forma que les da a los cuerpos femeninos.

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