- En un tiempo no determinado un gigante pasó por este poblado y en una piedra del río quedó grabada su enorme pisada y según la leyenda, la huella de su otro pie se encuentra en Nandaime. La Huella del Gigante, la Pilita del Señor y la Cueva del Indio son algunos de los sitios que se encuentran en este municipio y que representan una gran riqueza histórica y cultural
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Aunque el alemán Julius Froebel no encontró las preciadas minas de oro y plata que buscaba allá por el siglo XVIII, en el territorio donde hoy se asienta el municipio de La Conquista, éste quedó muy impresionado por su paisaje, en especial por las “raras y bellas flores” con que las familias indígenas bordeaban sus ranchitos.
“…La misma piedra, los mismos cubitos… pero después de todo no tenía por qué arrepentirme del viaje… en el camino vi paisajes de incomparable amenidad”, relata Froebel en su libro Siete años de viajes, y del cual el profesor jinotepino, Juan Carlos Fajardo, conserva una edición en español realizada en 1978 por Luciano Cuadra.
“Me metí a descansar en casa de una familia indígena, bordeaban su ranchito metido entre matas de las más raras y bellas flores del país, esto como ya apunté, es característico de los indios nicaragüenses, junto a su rancho he visto algunas plantas y flores de extraordinaria hermosura que por cierto no he mirado en ninguna otra parte, ni en estado silvestre ni de cultivo y hasta podría ser de interés histórico, estudiar su procedencia regional”, continúa en su relato el buscador de metales.
También el cronista destaca la amabilidad de los indígenas de La Conquista, de quienes dice le recibieron con un almuerzo de huevo, chocolate, plátano y naranjas. “Me atendieron de una manera muy decente y decorosa y cuando al despedirme les pregunté cuánto les debía, me respondieron que nada, que todo era de cariño”.
“AHORA NO HAY CARIÑO, HAY QUE PAGAR”
Fajardo, un conocedor y estudioso de su departamento —Carazo— considera que estos relatos “nos deben hacer reflexionar como era antes La Conquista, ahora no hay naranjas, no hay plátanos, ahora no hay cariño, hay que pagar”.
Y es que si a Froebel le hubiese tocado realizar este recorrido en estos tiempos, relataría que éste es uno de los municipios más pobres del departamento de Carazo, que ya no cultiva naranjas, ni plátanos, que las casas de sus habitantes ya no están bordeadas por “raras y bellas flores”, y que el río, donde fue encontrada la imagen del Cristo Negro está cada vez más seco y contaminado.
Sin embargo, pese a que ahora éste es uno de los municipios más pobres, La Conquista posee una enorme riqueza histórica y cultural, que no ha sido aprovechada ni por los gobernantes, ni por sus propios habitantes, según Fajardo.
SÓLO UN POCO DE APOYO
Pero José de la Cruz Umaña Zúñiga, un poblador de La Conquista y uno de los más entusiastas relatores orales de esta riqueza histórica y cultural, considera que con un poco de apoyo su territorio puede salir adelante, ya que es un convencido del gran potencial que tiene tanto de recursos hídricos, históricos como arqueológicos.
Idea que comparte Fajardo, quien considera que los lugares de La Conquista tienen un gran valor histórico y cultural, lo que pudiera ser aprovechado para desarrollar el turismo comunitario, de aventura, que podrían generar ingresos a sus habitantes, de los cuales muchos han tenido que emigrar a Costa Rica por falta de fuentes de empleo.
Para demostrar que La Conquista sí cuenta con lugares interesantes, Umaña se ofrece a conducirnos por algunos de los sitios históricos.
LA Pilita DEL SEÑOR
La Pilita del Señor está ubicada a unos 300 metros del poblado, en el río La Conquista, según don José de la Cruz fue denominada así porque allí fue encontrada la imagen del Cristo Negro, patrono de los conquisteños.
Nos cuenta que a este lugar llegan a pie, en carretas o en vehículos, miles de promesantes, quienes se bañan, toman y llevan agua de este lugar, ya que la consideran milagrosa. Es el tercer Viernes de Cuaresma cuando más personas llegan, en algunas ocasiones sobrepasan las cinco mil, procedentes de todo el país y hasta del extranjero.
Sin embargo, el profesor Fajardo critica a los conquisteños por haber dejado perder prácticamente este río. “Está contaminado, allí llega el ganado, los cerdos, las aves de corral, cosa que ese río fue abollante”, dice.
Efectivamente, al llegar al lugar, el visitante con lo primero que se encuentra es con grandes cantidades de basura a orillas del río, pese a ello el agua que vierte de la denominada Pilita del Señor, siempre está cristalina.
LAS CUEVAS
A unos mil quinientos metros del poblado se encuentran dos cuevas: La del Indio y la del Paso del Gigante, para llegar a ellas hay que hacerse acompañar de un baquiano, ya que hay que pasar un trecho un poco accidentado, además de cruzar el río El Gigante, que pese a que se encuentra casi seco, la poza que tiene y las enormes piedras lo hacen un tanto difícil.
Estas cuevas eran lugar de descanso de los indígenas y en ella, según nuestro guía, se encuentran jeroglíficos y petroglifos, que no pudimos observar. Él piensa que por el abandono en que se encuentran posiblemente están soterrados.
El profesor Fajardo refuerza la versión sobre la existencia de arte rupestre en el municipio de La Conquista, el que según dice ha sido localizado en diferentes comunidades, entre ellas La Hormiga y en donde también se han encontrado vestigios de vida indígena, tales como ollas, piedras de moler, entre otros.
LA HUELLA DEL GIGANTE
Un poco antes de llegar a las cuevas, en medio del río se encuentra una gran peña, en cuya parte superior se encuentra grabada una huella con la forma de un enorme pie.
Según la leyenda, transmitida de generación en generación, por este lugar pasó un gigante y dejó la huella de su inmenso pie. “Pero parece que este gigante utilizaba bastón”, refiere don José de la Cruz, puesto que a la par del pie se encuentra otra huella en forma de círculo.
Pero, de acuerdo a esta leyenda, este gigante debió ser inmenso, puesto que la huella del otro pie se encuentra en otra peña del río Ochomogo, a muchos kilómetros de La Conquista.
Según el profesor Fajardo, también otra versión de la pisada del gigante que ha sido transmitida oralmente y que cobra más fuerza en esta época de Semana Santa, es que el judío errante y el gigante anduvieron por todos estos lugares.
Más allá de estas leyendas, Fajardo sí cree que debió haber ocurrido alguna catástrofe, similar a la ocurrida en Acahualinca y que dejó huellas tanto de humanos como de animales.
Leyenda o no, lo cierto es que en la cima de la roca se encuentra una huella con la forma de un inmenso pie y que bien vale la pena caminar un poco para conocerla.