¡Integración, integración, señores!

Una vez más, el mensaje fue claro: si queremos un acuerdo de asociación o un tratado de libre comercio con Europa, los centroamericanos debemos crear una efectiva unión aduanera y fortalecer la integración. El transmisor del mensaje fue la embajadora de la Comisión Europea, Francesca Mosca en un evento organizado por la delegación comunitaria y […]

Una vez más, el mensaje fue claro: si queremos un acuerdo de asociación o un tratado de libre comercio con Europa, los centroamericanos debemos crear una efectiva unión aduanera y fortalecer la integración.

El transmisor del mensaje fue la embajadora de la Comisión Europea, Francesca Mosca en un evento organizado por la delegación comunitaria y la UCA este jueves.

“Con la unión aduanera. Así comenzó nuestra integración. Decimos: tenemos una experiencia, cometimos errores, pero queremos compartirla”, manifestó Mosca.

La condición es indispensable. “Nos interesa negociar de región a región, no con los respectivos países”, destacó.

No es la primera vez que se dice pero la opinión pública, más atenta a la política y a los problemas cotidianos, no está familiarizada con los asuntos de la integración centroamericana. Eso, sin embargo, no quiere decir que no sean importantes.

Hagamos un poco de historia. En 1951, seis países fundadores crean la Comunidad Europea del Acero y del Carbón (Francia, Bélgica, Alemania Federal, Luxemburgo, Italia y los Países Bajos), la primera piedra angular hacia una Europa próspera que dejará atrás las guerras.

En 1957, los seis firman el Tratado de Roma que conduce al mercado común: el de la Comunidad Económica Europea. En 1968, se suprimen los aranceles individuales, surge una unión aduanera y se desarrolla a partir de entonces una política agrícola y comercial común. Por el éxito, 3 países más se unen en 1973. Hoy, la UE tiene 25 miembros.

Desde entonces, se desarrolló un proceso sin paralelos en la historia y en el Derecho Internacional que llevó a un Parlamento Europeo con prerrogativas de control sobre la Comisión Europea —el Ejecutivo — y el presupuesto; tribunales; un banco central y al desarrollo de un cuerpo de leyes y a una jurisprudencia comunitarios.

Entre otras cosas, la integración europea tiene dos características que quiero destacar:

— Los Estados han entregado una buena dosis de su soberanía a los órganos supranacionales, se someten a sus decisiones y están adheridos a los tratados constitutivos;

— Existe un sentido de pertenencia, de un destino común, no solamente en las élites políticas, sino en las sociedades, en los pueblos, y en los medios. Este sentimiento ha sido reforzado más aún por el euro.

Vemos cómo está la cosa en Centroamérica.

Falta la voluntad política para entregar pedazos de soberanía a órganos supranacionales al estilo de la Comisión Europea, digamos.

Nuestros países se han adherido a la integración como quien va a un supermercado y compra o no lo que desee. ¿Un buen ejemplo? La Corte Centroamericana de Justicia. Solamente es formada por Nicaragua, Honduras y El Salvador. Costa Rica, Belice, Guatemala y Panamá no pertenecen. Además, en ocasiones, sus adherentes se dan el lujo de escoger cuáles de sus fallos quieren cumplir.

El Parlacen es un organismo de verdad patético, excepto para sus diputados que cobran jugosos salarios por deliberar y emitir resoluciones sin ninguna fuerza real. Políticos corruptos le han visto como un refugio.

Se suponía que ya en 2005 estaría funcionando la famosa unión aduanera. Por ahora, los presidentes acordaron que el 31 de diciembre de este año, ya habrá un acuerdo en el tema, por el que nuestros gobernantes han derramado toneles de verborrea de espíritu centroamericanista que hubiesen maravillado al mismo Francisco Morazán.

En mayo próximo, tendrá lugar la III Cumbre América Latina-Unión Europea en Viena. Se espera que ésta sea la ocasión para anunciar el lanzamiento de las negociaciones para un acuerdo comercial con Centroamérica. Uno similar pretenden los sudamericanos. Está por verse si en efecto, esto sucederá.

En Nicaragua, los medios raramente destacan importantes acontecimientos centroamericanos —aún aquéllos con grandes aspiraciones —, prefiriendo dar espacio al eterno bochinche politiquero o a la nota roja. No se fomenta desde los medios ese sentido de la pertenencia. Y hasta en este aspecto, estamos detrás de muchos en los países vecinos. ¿Y si no lo hacemos los medios, quién lo hará?

¿Alguien podría negar que la Unión Europea es una historia de éxito? No. Y esto pasó ineludiblemente en su momento por echar a andar una unión aduanera. El proceso llega hoy hasta la unión monetaria (el euro), pero esto está muy lejos.

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