Las etiquetas izquierdistas cambian en Latinoamérica

[doap_box title=»Chávez: Mussolini tropical» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Todo este panorama de la izquierda en América Latina contribuye a demostrar que las viejas etiquetas son cada vez más engañosas, argumento formulado recientemente por el afamado autor mexicano Carlos Fuentes, izquierdista moderado y frecuente crítico de las políticas estadounidenses. Fuentes escribió que si bien López Obrador ha sido […]

[doap_box title=»Chávez: Mussolini tropical» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Todo este panorama de la izquierda en América Latina contribuye a demostrar que las viejas etiquetas son cada vez más engañosas, argumento formulado recientemente por el afamado autor mexicano Carlos Fuentes, izquierdista moderado y frecuente crítico de las políticas estadounidenses.

Fuentes escribió que si bien López Obrador ha sido satanizado injustamente como demagogo populista, Chávez es un Mussolini tropical que intenta hacerse pasar por izquierdista. Su recomendación: que los izquierdistas latinoamericanos sigan el modelo socialista chileno, un híbrido que mezcla economía de libre mercado y disciplina fiscal con programas para reducir la pobreza.

En la mayoría de los casos, eso es lo que ya están haciendo.

Mientras el gobierno de George Bush lamenta la tendencia y reduce la ayuda exterior a la región, estos nuevos líderes han obtenido su éxito electoral caminando por la cuerda floja entre las políticas de disciplina fiscal que complacen a los mercados internacionales y la creación de programas sociales para sus poblaciones largamente ignoradas.

No veo cómo podamos oponernos a ello si contribuye a estabilizar sistemas democráticos, comentó Riordan Roett, director de Estudios Hemisféricos, en la Universidad John Hopkins.

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Ya no son los izquierdistas de antaño que se refugiaban en las montañas y se alzaban en armas contra los opresores.

Una nueva ola de líderes latinoamericanos —calificados alternativamente de izquierdistas, populistas, nacionalistas o socialistas— está redefiniendo la política en una región donde las dictaduras derechistas respaldadas por Estados Unidos pasaron décadas aplastando a sus adversarios mayormente izquierdistas y apoyando los intereses empresariales, temerosos de las incursiones que pudiesen hacer la Unión Soviética y su punta de lanza cubano.

Y aunque los conservadores otrora dominantes no han desaparecido del todo —los candidatos de tendencia derechista son populares en Perú y Colombia—, la tendencia presumiblemente se intensificará con las elecciones este año en Perú, Colombia, México, Brasil, Nicaragua y Venezuela.

El caso de México

En México, el candidato favorito Andrés Manuel López Obrador podría poner fin a un período de 24 años de gobiernos conservadores que han inclinado paulatinamente a México hacia la derecha.

López Obrador, otrora líder de protestas laborales tumultuosas, cuyo partido de centroizquierda absorbió a los antiguos comunistas mexicanos, ha prometido bloquear más la privatización de las industrias mexicanas.

López Obrador ha mantenido tan buenas relaciones con el hombre más rico de Latinoamérica, Carlos Slim, que los rebeldes zapatistas lo atacan por no considerarlo suficientemente izquierdista.

Kirchner y Lula

Néstor Kirchner, de Argentina, y Luiz Inacio Lula da Silva, ex dirigente sindical radical que ha abrazado políticas económicas conservadoras como primer Presidente izquierdista de Brasil, enfrentan cuestionamientos parecidos.

Tanto Lula como Kirchner dispusieron pagos adelantados de sus deudas nacionales ante el Fondo Monetario Internacional, ahorrando miles de millones de dólares en interés y restableciendo en parte el orgullo nacional.

El socialismo de Castro, Bachelet y Chávez

Después está el socialista, un término impreciso si es que alguna vez los hubo en Latinoamérica, donde solamente el presidente cubano Fidel Castro promueve la propiedad pública plena de los medios de producción al estilo socialista. El calificativo de socialista también es orgullosamente compartido por la flamante presidenta chilena Michelle Bachelet, el incendiario Hugo Chávez y el cultivador de coca proclamado presidente Evo Morales.

Pero bajo la variante del socialismo bolivariano de Chávez, el Estado chileno ha tratado de mantener un vibrante sector privado a la vez que asume un papel cada vez mayor en el manejo de la economía.

Humala y Morales

El Movimiento al Socialismo de Morales trata de imponer los mismos cambios en Bolivia. Y aunque el candidato presidencial peruano Ollanta Humala dice ser nacionalista y no socialista, también estaría dispuesto a imponer un mayor control estatal sobre un mercado libre.

Aunque la mayoría de esos líderes habla de una identidad común a Latinoamérica, una idea explícita cuando Morales fue homenajeado en su asunción como ejemplo para todos los indígenas del continente, también insisten en defender la soberanía nacional, una actitud cada vez más tildada de nacionalista, particularmente cuando significa hacerle frente a Estados Unidos.

Humala, un teniente coronel retirado, califica su campaña presidencial de proyecto nacionalista para Perú, y si bien asegura que no hará expropiaciones ni limitará la libertad de expresión, se ha ganado una base de simpatizantes entre los votantes que buscan un líder enérgico para castigar a los corruptos e imponer el orden.

Los zapatistas y las FARC

Estos actos de desafío nacionalista, junto con las políticas para hacer algo por los pobres y un rechazo general a las matanzas de las décadas pasadas, han enfriado el entusiasmo público por los grupos dispersos de izquierdistas armados que persisten en Latinoamérica.

Los zapatistas en México se han negado a deponer las armas y quitarse las máscaras, y otras bandas rebeldes diminutas a veces atacan a la policía mexicana.

El otrora temido Sendero Luminoso en Perú se ha reducido a unos pocos centenares de rebeldes que protegen a los narcotraficantes y ocasionalmente matan a policías en la selva.

Y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia han quedado restringidas, después de medio siglo, a un pequeño ejército campesino con escaso apoyo público.

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