Manhattan es Nueva York

A los veintinueve años de edad, por primera vez es publicada su novela Manhattan Transfer, de crítica social y antibelicista. John Dos Passos fue un hombre comprometido con “las causas perdidas”, por las cuales fue procesado y hasta encarcelado John Dos Passos (1896-1970), escritor estadounidense con una vasta obra, entre las cuales se encuentra la […]

  • A los veintinueve años de edad, por primera vez es publicada su novela Manhattan Transfer, de crítica social y antibelicista. John Dos Passos fue un hombre comprometido con “las causas perdidas”, por las cuales fue procesado y hasta encarcelado

John Dos Passos (1896-1970), escritor estadounidense con una vasta obra, entre las cuales se encuentra la trilogía USA, integrada por El Paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El Gran Dinero (1936). Su obra tiene un fondo crítico social y antibelicista; fue un hombre comprometido con “las causas perdidas” por las cuales fue procesado y hasta encarcelado en un par de ocasiones.

En 1925, a los veintinueve años de edad, por primera vez es publicada su novela Manhattan Transfer, estructurada en tres grandes secciones y dieciocho capítulos que bajo el sello editorial DeBolsillo (Barcelona, España, 2004) consta de cuatrocientas treinta y seis páginas. Tiene a la ciudad de Nueva York del primer cuarto del siglo XX como escenario y protagonista, donde una multitud de personajes desfilan con sus fragmentos de historias que juntas construyen una panorámica de la metrópolis en crecimiento.

Quizá el ir y venir de personajes y de sus respectivas situaciones, aisladas y relacionadas a la vez, puede causar una cierta confusión en el lector porque la narración va a saltos, como pintando trazos aquí y allá hasta hacer la pintura total; cada fragmento, título periodístico, canciones y hasta pasajes poéticos son parte de la imagen que se construye en movimiento, la clave de la técnica está en su avance progresivo y correlativo, cada ladrillo no sólo asienta la base sino que levanta el edificio, el cuerpo total. En su trama se percibe el impacto de la inmigración, la depresión económica, la guerra en Europa, el racismo, la ley seca y el contrabando de licores como factores que se anteponen al manto hipócrita y superficial de la sociedad norteamericana.

En esta vorágine urbana, las historias particulares están amarradas a un contexto social global donde la agitación engulle y se impone en las vidas de los personajes, por lo general en busca del éxito y temiendo el fracaso. La angustia es la constante. Nueva York se erige como vértice del mundo, tal lo expresa el personaje George Baldwin: “Lo terrible es que cuando uno se harta de Nueva York no hay dónde ir” (p. 238). A pesar de la muchedumbre y de los puntos de encuentro, hay soledad y agobio, una carrera de desgaste. Pero también destaca la identidad a partir de elementos plurales incorporados.

Dos Passos nos sumerge en las entrañas del monstruo, como dijera José Martí, nos pone en contacto con las células básicas de ese gigantesco tejido social donde, además de los sueños de grandes obras arquitectónicas, rascacielos y majestuosos monumentos, acero y cristal, el diseño de una ciudad con imagen de grandeza, poderío y opulencia expuesta al mundo: “Figúrate esta ciudad cuando todos los edificios, en vez de ser de un gris sucio, estén ornamentados con vivos colores. Imagínate bandas de escarlata alrededor de las cornisas de los rascacielos…” (p. 281); también se manifiesta la indiferencia y el desprecio por todo aquello que no esté integrado o bien acomodado al sistema, como en el caso dramático de los combatientes. Se percibe asfixia y frustración. “Nosotros combatimos por ellos. (…) y ahora al repatriarnos nos dan un hueso a roer. No hay trabajo… Nuestras chicas han desaparecido… Nos tratan como a una pandilla de mendigos y holgazanes cuando pedimos nuestra justa, legítima y legal compensación” (p. 309).

La vertiente que domina la novela está dada por la historia de Jimmy Herf y Elaine Thatcher, un periodista y una actriz divorciada que se unen en matrimonio hasta cuando sus expectativas de vida pierden el punto común y, ella, intolerante ante la crisis económica en la que estaban y con su particular manera de amar, decide abandonarlo para juntarse al destacado abogado George Baldwing, fiscal de distrito.

Jimmy piensa diferente, siente repudio por el estado de cosas y se crea un concepto propio, “¿Por qué diablos tendrá todo el mundo tantas ganas de triunfar!.. Me gustaría encontrar a alguien que quisiera fracasar. Eso es lo sublime” (p. 191). Su búsqueda no está en el éxito material y superficial sino en el sentido de la vida, razón por la cual el dinero le fue indiferente en todo momento, a pesar de la herencia que le dejara su madre al fallecer y de la insistencia de su tío Jeff: “¡Y no olvides que cuando un hombre tiene éxito en Nueva York, es un éxito” (p. 133). Pero él sigue su camino hasta involucrarse en la guerra de Europa y a su regreso, sufre en carne propia la indiferencia social.

Y como Jimmy encontraremos otros personajes afines, tal es el caso de Stan, que se preguntaba “por qué la gente tiene hijos”, considerando este hecho como una confesión de derrota. “La procreación es una confesión de un organismo incompleto” (p. 227), dice. Así también el anarquista Marcos Antonio Zucher, crítico del sistema en desarrollo, argumenta: “Religión, política, democracia y demás, es para tenernos dominados… Todos debemos ir diciendo al pueblo: ¡Despierta!” (p. 46-47).

Los personajes son reflejo de la sociedad de aquel tiempo. Cada cual es una voz de la realidad obtusa, marcada por el auge mercantil y financiero. Cada historia es un trozo de una mayor, relacionada o conjugada a otra, por ejemplo: el accidente del Sr. McNiel se convierte en un factor decisivo en la carrera de George Baldwin, que al final conquista a Elaine, quien abandona a Jimmy y éste decide irse lejos con “tres centavos, que le traerán buena suerte o mala, es igual”, con hambre y con zapatos que “empiezan a levantarle ampollas en los dedos gordos de los pies”, quizá siguiendo el interminable viaje marino del violinista Bud Korpenning, otro personaje. O el viejo Specker y su proyecto de reedificación de la ciudad, con relación a la actriz Cassandra Wilkins que en uno de sus vuelos desprendió estos versos que yo acomodo y le quito el ceceo de su hablar: “Siento dentro de mí un no sé qué sin nombre/ que aletea como un pájaro de hermoso plumaje/ en una jaula de hierro”. Ahí el sueño de un arquitecto y el espíritu atrapado de una artista, que ha de expresarse en todos los personajes que intervienen a lo largo de la novela, ya sea desde el fondo de la pobreza: “Sois como moscas aburridas que zumban contra el cristal. Creéis que el cristal es el cuarto. No sabéis lo que hay de negro en el interior…” (p. 391) o usufructuando el sistema instaurado. “Hay más corrupción en una manzana de Nueva York que había en Nínive en una milla cuadrada” (p. 413).

Al concluir mi lectura, recordé a Raskolnikov, en Crimen y Castigo de Dostoievski, cuando relaciona el progreso con el sufrimiento y hasta con la necesidad de víctimas. Indiscutible, Manhattan Transfer no sólo es una obra con gran valor literario sino también histórico.

El libro esta disponible en Book Center, frente al Colegio Teresiano en Managua.

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