ricky ledee, de puerto rico, en fuerte choque con Eriel Sánchez, de Cuba, en el primer duelo. (LA PRENSA/AP)

vencer o morir

cuba a su duelo cumbre Desde San Juan, Puerto Rico Ahora que el misterio sobre el verdadero nivel de competencia del beisbol cubano ha sido despejado, que todos sabemos que son capaces de batear el pitcheo de Grandes Ligas y que también disponen de brazos lo necesariamente hábiles y valientes para “torear” a los más […]

cuba a su duelo cumbre

Desde San Juan, Puerto Rico

Ahora que el misterio sobre el verdadero nivel de competencia del beisbol cubano ha sido despejado, que todos sabemos que son capaces de batear el pitcheo de Grandes Ligas y que también disponen de brazos lo necesariamente hábiles y valientes para “torear” a los más feroces artilleros del planeta; que hemos visto cómo su velocidad, atrevimiento y fildeo simplificador, les permite hacer crecer su peligrosidad, no hay quien pueda subestimarlos en las puertas de un duelo cumbre, de vencer o morir, como aquellos del viejo oeste que nos graficaban en la pantalla Kirk Douglas y Richard Widmark o Clint Eastwood y Lee Van Cleef.

Lo sabe todo Puerto Rico, y por supuesto el manager José Oquendo, quien después del nocaut propinado a los cubanos, advirtio: “El marcador desproporcionado es engañoso, Cuba es mucho más que eso, así que hay que enfrentarlos con mucho cuidado porque dominan el juego y pueden complicar a cualquier rival en este Clásico”.

Oquendo, a un lado de la embriaguez que produce un triunfo tan aplastante, no estaba tratando de ser cortés, sino objetivo. Los cubanos atravesaron en esa derrota de 12-2 por un mal momento, como lo tienen también de vez en cuando, Yanquis y Medias Rojas, porque en beisbol ningún equipo es invulnerable.

Esta noche podría ser la más grandiosa del beisbol cubano en casi medio siglo, o quizás más allá de eso. El avanzar a las semifinales de este primer Clásico no entró en las consideraciones previas, pero ahora, es posible.

Sin Javier Vásquez y sin Joel Piñeiro, Puerto Rico seguramente volverá a depender de Dicky González, quien supo manejar a los bateadolres cubanos con su variedad de lanzamientos y su control cuando los enfrentó en la primera etapa, en tanto por Cuba, hasta el hijo de Fidel, Tony, está calentando.

El reto es inmenso. Esa línea de fuego que abre Bernie Williams, con Iván Rodríguez, Carlos Beltrán y Javier López en el centro, garantizando un cierre agitado con Alex Cintron y Alex Cora, es muy funcional, pese a la pérdida de voltaje frente a Carlos Zambrano y el relevo venezolano.

Pero Cuba también tiene pólvora y un estudio de horas extras sobre “el veneno” de González. Es difícil amordazar a los cubanos dos veces consecutivas. Eduardo Paret, Michel Enríquez, Yulieski Gourriel, Frederich Cepeda, Yoandri Garlobo y Ariel Borrero, no van a precipitarse y serán más selectivos.

Ellos vienen de fajarse con Johan Santana, apalear a Giovani Carrara y explotar a Jorge Sosa en una recuperación sólo sujetada por dos strikes muy discutibles que sellaron ponches contra Dominicana.

Cuba-Puerto Rico al pie de la horca y con la mirada en el arco iris de las semifinales de este priner Clásico. Una vez más, Cuba será no favorito, pero no tanto como cuando no habían mostrado al lado de sus reconocidas agallas, esa clase que obliga a tenerles respeto.

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